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Jacobo Jimenez
Periodista titulado pero industrial a la fuerza. Ha sido bien casado dos veces y bien divorciado una. Escribe crónicas, reportajes e historias sobre el vivir diurno y nocturno. Utiliza a EcuadorInsensato.com como trampolín para cumplir su verdadero sueño: ser contratado por SoHo.
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Yo fui alumno de Rafael
En julio de 1990 me gradué de bachiller de la República. En septiembre del mismo año ingresé a estudiar Derecho en la Universidad Central del Ecuador. Después de 4 tranquilos años los dirigentes del Frente Revolucionario de Izquierda Universitaria (FRIU) se tomaron el Decanato de Jurisprudencia. Las clases se suspendieron indefinidamente. Luego de un semestre sin estudiar, la presión familiar hizo que me inscriba en la Universidad San Francisco de Quito a estudiar Administración de Empresas.
Con casi 22 años ingresé a la USFQ y lo primero que me impresionó fue que tenía un tutor. Su nombre: Rafael Vicente Correa Delgado.
Raudo y veloz fui a conocer a mi tutor. Al llegar a su oficina me encontré con la sorpresa de un tutor popular: había una cola de por lo menos 63 alumnos que pugnaban en registrarse. Y es que el procedimiento para ingresar a recibir los cursos en esta Universidad era que el tutor registraba las materias obligatorias o escogidas. Pero también el alumno se podía registrar con cualquier otro profesor o directamente desde las computadoras habilitadas para tal uso. Y así lo hice. Siguiendo el pensum, pero sin los consejos de mi desconocido y popular tutor, decidí registrarme solo.
A los casi 25 años de edad seguía registrándome directamente. Todavía no conocía a mi tutor y la única razón era que siempre que iba a su oficina era víctima de su popularidad. Pero lo conocí cuando ya casi me graduaba. Fue en un partido de fútbol. Jugábamos alumnos contra profesores y escuché su nombre. Me impresionó su juventud. En esa época tendría unos 36 años. Me imagino que desde ahí le molestaba la rodilla porque jugaba con una rodillera. No era malo. Se defendía. Le fascinaba ganar. Me pareció buena gente mi tutor. Pero solo lo veía en el fútbol.
A días de graduarme de Administrador de Empresas decidí también estudiar Periodismo. Tenía casi 26 años de edad. Por esas cosas de la burocracia privada, la USFQ me permitía seguir una nueva carrera pero con el requisito de tomar nuevamente algunas materias del Colegio General, es decir del primer año. Y así lo hice: al momento de tomar Principios de Economía estaba en la lista de profesores mi tutor. Así fue como tuve de profesor al Econ. Correa.
Desde la primera clase nos puso en claro que quería que lo llamemos por su nombre. Rafael me reconoció de los partidos entre alumnos vs profesores y me aclaró, delante de toda la clase, que en la cátedra era igual de exigente como en el fútbol. En cada clase ponía como ejemplos los problemas que tenía el país: la pésima repartición de la riqueza, la ineficiencia burocrática, la partidocracia, los grupos oligárquicos y lo rico que era el Ecuador. Y siempre explicaba las soluciones. No parecía un político.
El 9 de octubre de 1996 tenía clase con Rafael a las 10 de la mañana. Ese mismo día, a las 11:30 jugaba en el Estadio Atahualpa la selección de Ecuador vs. la selección de Colombia por las eliminatorias al Mundial de Francia de 1998. En la clase anterior Rafael nos había advertido sobre la asistencia obligatoria a su clase. El día del partido, la mitad de los estudiantes prefirieron ir al estadio. Los que nos quedamos fuimos premiados con puntos extras en la nota final. Pero además Rafael nos dio cátedra sobre cómo ser un ganador: había apostado con un amigo en contra del Ecuador. Nos explicó que si Ecuador ganaba ese partido, él perdía la apuesta pero ganaba moralmente porque, como ecuatoriano, quería que Ecuador clasifique al Mundial Francia 98. Si Ecuador salía derrotado, perdía moralmente porque, como ecuatoriano, no le gustaba perder pero ganaba económicamente al cobrar la apuesta. Al final, Colombia con un gol del Tino Asprilla ganó. Y Rafael también.
Aunque seguían siendo largas las colas durante los siguientes 4 semestres me registré con Rafael, que en los papeles seguía siendo mi tutor. En julio de 1998 me gradué de Periodista y nunca más volví a ver o a saber de Rafael.
Hasta que el 20 de abril del 2005 lo nombraron Ministro de Finanzas en el gobierno del presidente Palacio. Pensé que ahí comenzaba un cambio: una nueva generación tomando las riendas del país. Rafael Correa, ahora Ministro, podría poner en práctica lo que predicaba en sus clases. Pero solo duró como Ministro hasta el 8 de agosto del 2005.
Cuando ganó la Presidencia la esperanza de que esta vez sí, como primer mandatario, resolvería los problemas del país era grande. ¡Al final era un ganador! Ahora, a los 3 años y 7 meses continuos de Gobierno, no sé si estamos tan mal como dicen o tan bien como aseguran. Aunque, de vez en cuando, debería reconocer ciertas derrotas, el Señor Presidente sigue con su convicción de siempre ganar.
Seguramente, Joaquín Martínez Elizalde, columnista de Ecuadorinsensato, esté de acuerdo con la mentalidad ganadora del Presidente. Tal vez éste sea el liderazgo que necesitamos para identificarnos como un país ganador. Solo el futuro lo dirá. Pero por ahora, a mi ex profesor y a mi ex tutor Rafael se le debe llamar presidente Correa Zapata: si no gana empata.
El árbitro
Edwin Guillermo Arce Espinoza nació el 10 de agosto de 1972 en Charguayaco a pocos kilómetros del Río Chota en la provincia de Imbabura. Vive en el sur de Quito y todos los días laborables tiene que levantarse a las 4 :30 de la mañana para salir en el bus de las 5 que lo lleva a entrar cerca de las 6 a su trabajo en una empresa recicladora de cartón ubicada en el norte de Quito. Está casado con Miriam. Tienen 2 hijas, la primera es “de un compromiso anterior de ella y la segunda es propia”. Por las tres se desvive.
Cuando era guambra soñaba jugar fútbol profesional. Con su metro ochenta y siete de estatura y una zurda endemoniada las posibilidades de llegar a cumplir su sueño eran alentadoras. Hasta que una mañana a los 15 años después de cosechar caña en una plantación tuvo un accidente: “Luego del trabajo nos pusimos a jugar y el balón salió de la cancha, fue a parar en la carretera. Yo fui a buscarlo y como era un camino de tierra el polvo me tapó y no vi una camioneta 350. El golpe fue en la cadera”, recuerda Edwin. Fue llevado de urgencia a Ibarra en donde lo estabilizaron y lo mandaron a Quito al Hospital Pablo Arturo Suárez. En una cirugía reconstructiva de cadera le colocaron una placa metálica. Edwin estuvo en el hospital 6 meses y luego regresó a su amado Charguayaco.
“Ya no era lo mismo. Al principio estuve patojo. Después, cuando quise seguir jugando, me di cuenta que no podía moverme como antes. Por ese accidente no fui futbolista profesional”, asegura Edwin.
A los 20 años decidió probar suerte en Quito. Primero trabajó como ayudante en un camión repartidor de cerveza. Luego ha hecho de todo. Desde molinero en una fábrica de caucho hasta albañil. Hace 10 años trabaja en una recicladora de cartón. Y hace 5 años, en la mayoría de fines de semana, es árbitro de fútbol.
“Por varios años traté de jugar en barriales y luego de los partidos el dolor en la cadera era insoportable. Hace 8 años me sacaron unos clavos de la cadera y ahora me muevo mejor y sin dolor. El ser árbitro de fútbol es como mi desquite de no llegar a ser futbolista profesional. Soy miembro de la Asociación de Árbitros Virgen del Quinche. He asistido por un año al curso de AFNA y he recibido 2 veces charlas de el ex árbitro FIFA Adolfo Quirola. Ahora me contratan para que pite en los barriales los sábados y domingos”, cuenta Edwin.
21 Ligas Barriales han escogido a la Asociación de Árbitros Virgen del Quinche para que piten sus compromisos. Juntos, Liga y Asociación, los días jueves a las 8 de la noche programan los horarios y los partidos que los jueces tendrán que pitar. Edwin arbitra 6 juegos los fines de semana: 3 el sábado y 3 el domingo; por lo general le toca pitar los partidos de las 10 a.m., de las 2 p.m. y de las 6 p.m. Por cada partido pitado le pagan $20 de los cuales $1 tienen que entregar a la Asociación. Es necesario que la Liga deposite en la Asociación la suma de $300 que son la garantía “por si acaso los árbitros recibamos agresión física”. Basta un empujón o un escupitajo para que el árbitro se retire de la cancha y la Liga pierda la garantía. Edwin también pita partidos de Campeonatos Privados y, a veces, lo mandan a pitar a Machachi, Pifo y Puembo. En todos estos casos la paga sube a $25 pero no le gusta mucho porque “parece que los jugadores van a desquitarse de sus problemas personales dentro de la cancha. En las Ligas de Quito son más tranquilos, además ya me conocen y por eso me respetan más”. Edwin nunca lleva a su familia para que lo vean pitar.
“Nosotros somos humanos y, a veces, se nos pasa algo. Yo entiendo cuando se sienten perjudicados pero el error es de buena fe. Lo que pasó en el Mundial es un claro ejemplo de lo imperfecto que somos los humanos. Poner cámaras en los arcos o chips en el balón sería matar lo pleno del juego. Hacer cumplir las 17 reglas del fútbol es nuestra misión. Por eso hay que tener buen físico, acostarse temprano, no fumar y no tomar antes de los partidos. Hay que tener personalidad. Usted me ve, soy un negro alto y muchos jugadores por mi físico me respetan. Pero tengo compañeros que son retacos pero con una personalidad que muchos quisiéramos tener. Nunca he tenido ningún problema, aunque siempre asoma algún muérgano que quiere dañarle el partido”, asegura Edwin.
La Asociación de Árbitros Virgen del Quiche tiene 47 jueces. Los requisitos que uno necesita para ser considerado como un potencial árbitro son: tener menos de 45 años y haber hecho el curso en AFNA. La Asociación provee a sus socios de uniforme, pito y tarjetas. Todos los socios tienen diferentes profesiones: desde contador hasta profesor de matemáticas. Solo se transforman en árbitros los fines de semana.
“Mi sueño es llegar a pitar un amateur. Es difícil. Tengo que asistir a cursos para tener un buen escalafón. Lo malo es que los cursos tienen un horario medio jodido, de lunes a viernes de 4 a 10 de la noche y los fines de semana de 9 a 3 de la tarde. Imposible por mi trabajo y, además, las guaguas y la Miriam me reclaman que no paso en la casa. Pero luego comprenden que traigo algo más de platita y que estoy cumpliendo un poquito mi sueño”, comenta Edwin.
El mejor partido que hasta ahora ha pitado Edwin fue en el barrial de Machachi. Era la final y la Liga contrató una tripleta de jueces. Sacó 3 tarjetas amarillas y todos los jugadores colaboraron. Pagaron $40 a cada uno y además dieron comida y una jaba de cerveza para la terna arbitral.
El motel
Inspirado el seductor y con la luz verde de la interesada buscan en donde terminar con las ganas. ¿La casa de él? No, es casado. ¿La casa de ella? No, también tiene compromiso. ¿En el carro? Peligroso, incomodo y, algunas veces, doloroso. “Vamos a un motel”, propone el seductor. “¡Vamos!”, responde la interesada.
Necesitado el seductor y con la seguridad de dar su flor la interesada buscan en donde terminar lo iniciado. ¿La casa de él? No, vive con sus padres. ¿La casa de ella? No, también vive con sus padres. “¿Y ahora?”, pregunta la interesada. “¡Pues nos vamos a un Motel!”, ordena el seductor.
Decepcionado el seductor y con ganas la interesada buscan un lugar en donde procrear. ¿En la casa de ambos?, No, están los niños. “¡Vamos a un Motel!”, propone la interesada. “¡Quién dijo miedo!”, responde el seductor.
El Motel es un servicio rápido para las parejas que necesitan un lugar para amarse sin condición y sin apuro. Como en todos los servicios las tarifas varían de acuerdo al tipo de Motel que los interesados estén dispuestos a invertir. En un pequeño recorrido por Quito este periodista logró recolectar algunos interesantes datos:
Logística
Eso depende muchas veces de la suerte. A veces a los que tienen compromisos se nos presenta una oportunidad única de ser infiel y a los enamorados sin ataduras la llamada de la naturaleza les propone “ese rato” tener relaciones sexuales para consumar su amor o su arrechera. Esto puede pasar en el sur, en el centro o en el norte de Quito. No se preocupe en todo lado hay un Motel.
Pero si está en el sur, en el centro o en el norte y el apuro es urgente puede recurrir a cualquier Hostal en donde han entendido que diversificar el tiempo de las habitaciones resulta ser una ventaja competitiva: “Mi papa no consentía cobrar por horas la habitación. Cuando me hice cargo del negocio tomé la decisión de aceptar este servicio. Es rentable. Ahora cuando me piden una habitación pregunto: ¿por el momento o por días?”, asegura Juan Luis Preciado, dueño de un Hostal en el sur de Quito.
Ahora si la consumación del amor puede aguardar unos minutos usted podrá buscar y encontrar, si está en el sur el Luxor Motel en la Pana Sur km 1 a una cuadra del semáforo de Santa Rosa o las Cabañas del Norte en San Bartolo o Las Mil y Una Noche en la entrada a la Ecuatoriana. Si necesita un matadero en el centro, lo mejor es que llegue al nuevo terminal, saliendo de ahí hay una variedad de moteles en fila esperando por Usted y su pareja. Es cuestión de preguntar por “un cuartito de alquiler”. Y si está en el norte la variedad la encuentra en la Panamericana Norte desde el Km 6: Los Faroles, Hawai, Flamigos Rose, Cesar Palace, Tantra, Amelie, Venethian Luxuri, Venecia y Lumini son algunos que Usted tendrá a elección.
Pero si su espíritu aventurero lo traiciona y quiere, por impresionar o por seguridad, conducir a la damisela o al caballero a “un lugar donde nadie me vea”, en las afueras de Quito también hay en donde botar el veneno (eyacular o llegar al orgasmo) en cama arrendada. En el Valle de los Chillos entre el puente 2 y 3, se encuentran el Dubái y el Oasis; el Cabañas del Amanecer en la Vía a Amaguaña Km 2 o el Latitud Zero a 4 km del redondel de El Condado en la Vía Mitad del Mundo son las mejores opciones.
Detalles
El precio, el tiempo y la seguridad son pequeños detalles que uno debe tomar en cuenta antes de proceder a decidirse por un Motel. Claro que a veces las ganas no dan chance para pensar y uno entra al primero que encuentre. Pero en casos donde la situación amerite habrá que tomar en cuenta el costo-beneficio, si puede ser asaltado o no y si, en caso de infidelidad, puedo ser visto o no.
En los Hostales el precio varía desde $7 en el sur hasta $12 en el norte. Eso sí, el promedio de tiempo es de 1 hora; así que si es goloso busque un Motel. Lo encontrará desde $10 hasta $30 dependiendo del establecimiento. Los más baratos tienen lo esencial: la cama, baño, basurero y un espejo de pared. Los más caros tienen cama de agua, jacuzzi, baño, ducha con agua caliente, jaboncito motelero, shampoo motelero, Tv por cable, radio, mini bar, espejos en el tumbado y en las paredes. Eso sí, en todo Motel los posters o cuadros tienen tema sexual, como para que Usted se inspire en un ambiente erótico sentimental. El promedio de tiempo en los moteles es de 4 horas.
Algunos moteles recurren a estrategias comerciales para atraer clientes. En el Lumini si los interesados se quedan hasta las 9 a.m. tienen el desayuno gratis y si se quedan hasta las 2 p.m. el almuerzo también sale gratis. La habitación cuesta $30. En el motel Amelie el taxi ejecutivo es gratis de 7 a.m. a 15 p.m. La habitación cuesta $18. Los demás moteles recurren a promociones en el día de San Valentín.
La seguridad en un Motel es garantizada. Por lo menos es mejor que hacerlo en el carro en donde corre el riesgo de encontrarse con algún comedido ladrón o a un suertudo policía. En el Motel hay guardias privados y la puerta tipo Landford es sinónimo de seguridad, tanto para el establecimiento (solo si está cancelada la factura la puerta es abierta) y para el usuario (si va en carro está bien parqueado sin posibilidad de que le roben o que le vean y si no está en carro la habitación, de todas maneras, se convierte en un fortín). Sin embargo nadie está libre de que ladrones entren al Motel y les roben todo, inclusive a su derecho a ser infiel sin cagarse en el intento. Ahora, en cualquier Motel que Usted elija hay la posibilidad, cuando entre o salga, de ser visto por algún comedido o comedida. Eso ya depende de la suerte.
Consejos
Este consejo va dirigido al que busca un Motel porque está arrecho o arrecha y la pareja de turno es moza o mozo, prostituta o puto, amiga o amigo, conocida o conocido: es mejor llevar efectivo para no dejar rastro del encuentro sexual. Si usted paga con dinero plástico destruya la copia del vaucher en ese instante. En el vaucher no asoma el nombre del Motel ni nada que comprometa pero, ¿para qué arriesgarse? El guardarse el vaucher en su bolsillo o billetera puede provocar situaciones incomodas en el futuro. Recuerde que, al igual que en los cabarets, ningún Motel acepta Diners Club. No se olvide de que el establecimiento deberá darle una factura. Aunque, por obvias razones, sale dirigido a “consumidor final” lo aconsejable es que se destruya después de leerse.
Si tiene tiempo de planificar y si su aspiración es comer antes, durante o después de haber ejercido su derecho al sexo, es mejor que lleve comida. Usualmente la comida en un Motel es cara y escaza. También se sugiere, por elemental economía, que el trago, refrescos, condones y lubricantes sean adquiridos antes de entrar a un Motel. Ahora, si su deseo es urgente y no hay tiempo para nada solo para el sexo disfrute del momento.
Según Marcos Caicedo, guardia de Los Faroles, en sus 8 horas de turno en la noche del viernes y sábado hay un promedio de casi 40 clientes. “La mayoría viene por la noche porque al salir de aquí es más difícil que a uno le reconozcan el carro porque está de noche. Mis compañeros en la mañana dicen que algunos clientes entran y salen escondidos en el carro para que no le vean”. Por eso es recomendable entrar a Moteles que estén ubicados en calles que no sean tan transitadas.
El Motel es un servicio rápido, seguro y discreto. Cumple con la labor social de brindar una cama en una necesitada situación. No se arriesgue, no lo haga en el auto, en el baño de un bar o en la casa de los padres del enamorado o enamorada. Utilice el servicio, inclusive con su esposo o esposa. Quién sabe puede resultar una excelente terapia matrimonial para escapar de la rutina.
Sí se puede
El viernes 16 de abril del 2010 estuve en el concierto que el maestro Rubén Blades brindó en el Coliseo General Rumiñahui. Antes que el Abogado de la Salsa salga al escenario escuché la conversación de dos adultos mayores que se encontraban sentados a lado mío. La historia que contaban narraba la infiel hazaña del hijo de una tal comadre Matilde. Y más o menos decía así:
Juan Carlos, el hijo de la comadre Matilde, tenía una amante tres semanas ya. La amante de Juan Carlos se llamaba Carolina quien tenía una amiga de nombre Cristina y ésta una amiga de nombre Natalia. Juan Carlos era pana de Jorge y José. Los tres eran amantes del fútbol, casados y con hijos. En una salida de noche de varones Juan Carlos les confesó a sus amigos que tenía amante. Al principio lo criticaron, luego lo celebraron, al final lo envidiaron. Juan Carlos les comentó que Carolina tenía dos amigas más. En otra salida de noche de varones Juan Carlos salió con Carolina, Cristina con Jorge y Natalia con José. Todos se enamoraron.
El 8 de junio del 2009 nuestra selección había ganado 2 a 0 a Argentina. Ecuador entraba en la lucha por la clasificación al mundial Sudáfrica 2010. El próximo partido de la tricolor era ante Colombia en Medellín el 5 de septiembre del mismo año. Juan Carlos recibió, vía correo electrónico, una promoción de una Agencia de Viajes que incluía estadía, entradas al partido y boleto aéreo para ver a la selección ganarle a Colombia en Medellín. A Juan Carlos se le ocurrió una idea: llevar a las amantes a Medellín.
Juan Carlos convocó a una reunión de urgencia. La idea les excitaba: estar con las mocitas en Medellín era algo soñado. Pero Jorge hizo cuentas. El presupuesto no alcanzaba para tanta joda. Y propuso: “por qué no hacemos como que nos vamos de viaje y nos quedamos en Quito. Alquilamos en un Hotel decente 3 habitaciones, por 2 días pasamos encerrados, vemos el fútbol y, lo mejor, gastamos 3 veces menos”. Y así lo hicieron.
Un mes antes de la fecha del supuesto viaje empezó el plan: todos tenían que decir en sus respectivas casas que habían decidido irse a Medellín a ver ganar a Ecuador. Según los involucrados era justo. Se mataban trabajando, el stress, las deudas, la familia; necesitaban un descanso e irse de viaje con los panas, era lo justo y necesario. Ninguno tuvo problema, todas las esposas unánimemente aceptaron. Según ellas se lo merecían.
Una semana antes de la fecha del supuesto viaje el plan continuó: dejaban todo planificado para su ausencia tanto en la oficina como en la casa. Tenían que decir que habían contratado el servicio celular roaming para que en caso de emergencia la familia les contactarán al celular y no “gastasen en llamadas al exterior”. José era el encargado de coordinar las acciones del verdadero tour para en forma paulatina pero constante ir descargando información en sus respectivas casas. El precio de las entradas, la cotización del peso, el hotel era tema de conversación entre las familias de los tres amigos. Juan Carlos era el encargado de buscar posibles suvenires viajeros de Medellín. Mandó a estampar camisetas que digan Medellín, se consiguió tasas que digan Medellín y compró caramelos colombianos. Todo estaba presupuestado. Jorge, en cambio, era el encargado de la logística interna. El hotel, las habitaciones, el menú, el trago. El encerrón debía ser cuidadosamente planeado porque no podían correr el riesgo de ser vistos mientras se “encontraban” en Medellín.
Por fin llegó el día 0. A las nueve y cuarenta y tres de la mañana las tres esposas de los tres amigos llegaron al aeropuerto. Juan Carlos, Jorge y José solo permitieron que sus mujeres los dejen en la entrada de la terminal aérea. Repentinamente ninguno de los tres disfrutaba de las despedidas. Luego de verificar que cada una de sus esposas se retiraran a sus respectivas casas llamaron a un taxi. Se dirigieron a un Hostal cerca del sector de la Mariscal. Ahí tenían reservación para tres habitaciones. Cada uno se dirigió a la suya. Ahora era cuestión de esperar a Cristina, Carolina y Natalia.
Cada una llegó en taxi diferente. Las tres se apresuraron a llegar a las habitaciones de sus respectivos hombres. Las tres parejas hicieron el amor mientras las tres esposas esperaban en la casa la llamada del “llegué bien” de sus esposos.
Cuatro horas y 19 minutos después de haber despegado el avión que llevaba a los ecuatorianos a ver jugar a la selección, Jorge llamó por el teléfono interno a sus amigos: “hay que llamar a las casas, utilicen sus celulares, digan que todo está bien que van a salir a un tour de la ciudad y que, si pueden, llaman más tarde”.
La llamada más tarde nunca llegó. Los tres amantes pidieron servicio a la habitación. No salieron en toda la tarde. Se la pasaron acostados bebiendo cervezas y manteniendo relaciones sexuales con pequeños intervalos de descanso que servía para ver televisión o una siestita.
Por la noche se reunieron en la habitación de Jorge. Jugaron baraja con castigo de prendas y se volvieron a chumar. A las 2:30 de la mañana empezaron los problemas en el paraíso. Se acabó el trago y tabacos. José llamó a la recepción y solicitó alcohol y tabacos. “El bar está abierto hasta las 12 a.m.”, le contestó una voz gentilmente malhumorada. Entonces vino el dilema: se acaba la fiesta y cada uno a su habitación a seguir fornicando o salían a comprar más de todo y, quién sabe, se podría producir un intercambio de parejas que, aunque nadie lo admitía, todos lo querían.
Optaron por la opción 2. Juan Carlos y Carolina fueron los elegidos para salir a buscar lo que les hacía falta. Eran casi las 3 de la mañana, era poco probable que ese viernes se encontraran con alguien, ¿o sí?
Después de preguntar al guardia del Hostal la licorería más cercana y luego de caminar las dos cuadras necesarias Juan Carlos compró 3 botellas de aguardiente y 3 cajetillas de tabacos. Al momento de pagar y meterse el vuelto en su bolsillo pasó un Grand Vitara negro y, de reojo, reconoció en su interior a su cuñada Alejandra. Enseguida desvió la mirada y trato de esconderse metiendo su cuello y bajando la cabeza. “¿Me vio o no me vio?”, se preguntaba mentalmente mientras observaba que la boca de Carolina se movía. Al fin se concentró. “Por qué no nos vamos a bailar un ratito”, dijo Carolina. “No”, respondió Juan Carlos.
Al llegar a la habitación de Jorge, Juan Carlos contó la historia. A los tres amigos se les acabó la fiesta mientras las tres amantes se reían borrachas de lo sucedido. “¿Y ahora?”, preguntó Juan Carlos. “Primero debemos estar seguro de que era la Aleja, luego estar seguro de que te vio. ¿Crees que te acolite?”, preguntó Jorge. “Es muy buena gente, ¡pero es hermana de mi mujer y es mujer!”, respondió Juan Carlos. “Pues sí contra eso no hay poder”, comentó José.
Resolvieron que lo mejor era llamar a la cuñada Alejandra. “Dile que te encontraste con alguien conocido de ella y que quieres saber su nombre. Invéntate algo”, propuso desesperado Jorge. “Está bien”, dijo resignado Juan Carlos.
“Aló, Aleja”, saludó desde su celular Juan Carlos.
“Aló, con quién, no escucho nada…, espérate un ratito…”, respondió Alejandra ensordecida con la música que se escuchaba a su alrededor.
“¿Con quién habló?”, preguntó Alejandra luego de unos segundos.
“Con Juan Carlos, tu cuñado favorito”
“Juan Ca, que fue, ¿dónde estás, no estabas en Colombia?”
“Sí aquí estoy…lo que pasa es que estoy en Andrés Carne de Res y me parece que está aquí tu pretendiente el enano ese feo… ¿cómo se llama?”
“Puta que estás ebrio. El Adolfo está conmigo a lado. Y es un lindo…”
“Puta que borrachera, quédate con el enano y no le cuentas nada a tu ñaña. Vaya a decir que solo me he pasado tomado, ja jaja”
Los tres amigos respiraron. Las tres amantes lo celebraron. Se pasaron el resto de la madrugada tomando y jugando, pero no hubo intercambio de pareja.
Cerca de las 9 de la mañana cada pareja amaneció desnuda en su cuarto. El desayuno en la habitación, una siestita mañanera con su respetivo sexo y su posterior baño caliente permitieron que Jorge, José y Juan Carlos estén listos para ver el fútbol que empezaba a las 2 de la tarde.
La habitación escogida era ahora la de José. Habían pedido el almuerzo y cervezas a esa habitación. Ecuador jugó mal. Perdimos 2 a 0. Las tres parejas estaban tristes. Cada una se retiró a sus habitaciones. Jorge les llamó a las 19 horas para que, por celular, llamen a sus familias.
Jorge se durmió a las 20 horas. José a las 22 y Juan Carlos a las 2 de la mañana mientras contemplaba lo fea que se veía Carolina sin maquillaje y lo asquerosa que le parecía al escuchar sus ronquidos y sus pedos involuntarios.
A las 10 de la mañana del siguiente día todos estuvieron abajo en el lobby. Después de cancelar la cuenta y embarcar a Carolina, Cristina y Natalia en sus respectivos taxis los tres amigos pidieron otro para que los lleve al aeropuerto.
A las 11 de la mañana Juan Carlos llamó a su esposa. Le dijo que ya habían llegado. “Pero yo llamé y me dijeron que llegaba a las 12”. “Se adelantó el vuelo”. “Ya voy”. Lo mismo hicieron José y Jorge.
Al subir al carro de su esposa y saludar con sus hijos Juan Carlos intercambió el puesto de chofer con su esposa. “Qué pena lo de Ecuador, y es que jugó pésimo”, dijo Tamara, la esposa.
“No te preocupes mi amor, sí se puede…”, dijo sonriente Juan Carlos mientras arrancaba el carro.
Los dos adultos mayores se callaron. No hablaron más de la historia del hijo de la comadre Matilde porque las luces del Coliseo General Rumiñahui se apagaron. Primero presentaron a la Orquesta Azuquito y, luego de una hora y quince minutos, al maestro Blades. En fin: esa noche se escuchó una entretenida historia y un excelente concierto.
Las doñas
Entre las múltiples alternativas que una relación sexual pre pagada presenta, la de la intermediación de Las Doñas es el más sensato. Las Doñas son las señoras que sirven de nexo entre el potencial cliente y la puta. Por lo general solo trabajan con clientes conocidos y, en la actualidad, algunas utilizan sus casas particulares como lugar de encuentro e inclusive de consumación del servicio. A continuación el testimonio de tres Doñas.
Doña Pili
No dice su edad pero su físico grita que por lo menos más de 55 años ha de tener. Asegura que nunca ejerció la prostitución. Y no porque tuviera reparos o críticas para la profesión sino más bien porque cuando la vida le dio pelea tenía una edad en que ya nadie se hubiera fijado en ella. “Prácticamente yo sola crié a mi hijo. El Papá nos abandonó cuando tenía 12 años y desde ahí me ha tocado echar para adelante sola. Yo nací en Guayaquil y vine con mi marido a Quito. El tipo se fue con una compañera de trabajo. Vino un buen día y me dijo que me podía quedar con la casa y el niño. Una comadre se dedicaba a vender interiores a las chicas de un cabaret y me pidió que aloje a unas colombianas. Se me prendió el foco y una cosa llevó a la otra y mi casa terminó en una disfrazada casa de citas”.
Doña Pili es celestina desde hace 20 años y sostiene que la tecnología, la falta de profesionalismo y la falta de visión han prostituido su negocio: “Yo me acuerdo que cuando comencé las chicas vivían en mi casa y yo solo negociaba con el cliente a cuánto la salida y en qué tiempo debía regresar la chica. Yo me ganaba un 30 % de la negociación. Luego de unos años arreglé un par de cuartos de la casa y los usé como habitaciones para el negocio. Pero igual, las chicas seguían viviendo en mi casa y yo cobraba un valor por tener el sexo en mi casa y otro por tenerlo afuera. Fueron los mejores años. Trataba con por lo menos 10 clientes conocidos y como cambiaba de personal femenino cada 3 meses, los clientes siempre regresaban y pagaban lo que sea. Pero la cosa empezó a ir mal cuando las chicas ya tenían celular y daban el número al cliente. Ya mi negocio no era negocio porque las chicas arreglaban citas por afuera”.
Doña Pili tomó medidas. Decidió no alojar a ninguna chica dentro de su hogar por, según ella, la falta de profesionalismo de las putas. Y cambió de táctica: “Negocié con ellas que estuvieran en mi casa de 10 de la mañana a 8 de la noche. Pero yo no hospedaba a ninguna chica, la que quería venía. No me fue tan mal, pero creo que hubiera sido el momento de separar mi casa con el negocio y de abrirme un cabaret con todas las de ley. Ya ahora estoy muy vieja”.
En la actualidad Doña Pili no tiene chicas en su casa, ni siquiera con horario fijo. Su nueva táctica comercial se limita a tener un proveedor de chicas; ella las conoce y avisa, según las características de la chica, al potencial cliente. Toda la negociación se la hace por teléfono. Cuando el cliente acepta la oferta, Doña Pili llama a la chica y ésta va a la casa de la señora a esperar al cliente. Es opcional si el cliente quiere despacharla ahí o votar el veneno en otro colchón.
Doña Betty
Doña Betty es oriunda de Rocafuerte, cantón manabita. Nació hace 62 años y hace 20 se dedica al negocio “del servicio de compañía femenina”, como lo califica ella. Doña Betty llegó hace 22 años a Quito y junto con su marido, dueño en ese tiempo de un chongo en Chone, idearon los primeros masajes “con final feliz” en Quito. “El Elías me sacó de mi casa cuando yo tenía 15 años. Durante 25 años vivimos del chongo que él tenía. Yo nunca me metí en ese negocio pero cuando tuvimos nuestro cuarto hijo la putería ya no dio para mantener a todos y a mi marido se le ocurrió la idea de abrir un chongo en Quito”
La idea se hizo realidad pero a una escala mucho más pequeña. La dificultad de encontrar un local, los proveedores y los permisos legales modificaron la idea de un cabaret a un disimulado servicio de masajes relajantes. “Al principio mi marido lo manejaba solito. Luego le dio cáncer al pulmón y poco a poco fui haciéndome cargo del negocio. Cuando quedé viuda el negocio ya daba plata. Llegaban los clientes a darse “el masaje” y se iban felices. Las chicas trabajaban de 11 de la mañana a 7 de la noche. Pero yo comencé a tomar bastante y el negocio se me fue de las manos. El “Masaje Relax”, se hizo un local muy conocido y hubo muchos copiones de la idea de mi difunto marido. Además las autoridades me comenzaron a exigir más permisos, más plata. A la tercera vez que nos clausuraron decidí cerrar esa putería”.
Doña Betty resolvió arrendar una casa y seguir con el concepto de “masajes” pero para clientes exclusivos que había conocido durante su primera experiencia como empresaria. Hospedaba a 5 chicas que eran visitadas por los clientes llamados por la señora para provocar un rápido encuentro sexual. Poco a poco se convirtió en una intermediaría entre el cliente y la puta. Pero otra vez el alcohol acabó con el negocio y luego de varias peleas con las chicas decidió cerrar la casa y uno de sus hijos le arrendó un departamento con 3 dormitorios. “Como tenía los contactos y los proveedores de chicas se me ocurrió seguir trabajando sin tener que hospedar chicas ni hacer fiestas ni nada. Ahora cuando mi proveedor me ofrece nuevas chicas yo, conociendo el gusto del cliente, llamo al hombre y acompaño a la chica a un lugar neutral de encuentro. Casi siempre es en el Centro Comercial Aeropuerto. Ahí lo esperamos. Me paga a mí la plata y luego la chica, después de haber terminado el servicio, pasa por mi casa retirando su parte. Tengo unos 2 o 3 clientes que son súper importantes y les permito ser atendidos en mi departamento. Pero solo en la mañana porque en la tarde me encargan a mis nietos”.
Doña Jésica
Doña Jésica tiene 35 años y sí ha ejercido la prostitución. Es oriunda de Quevedo y se metió a la putería cuando tenía 17 años. “Yo vivía peleándome con mi padrastro y una amiga que andaba metida en esto me dijo que en Quito buscaban a chicas jóvenes de buen cuerpo para ganar buen billete. Yo sabía de lo se trataba y fui contratada para un cabaret que se llamaba “Bandines”. Pero eso era por la noche y no me gustó. Otra amiga me dijo que habían unas señoras que te arreglaban citas en horarios de oficina para que salgas con clientes y que se ganaba bien. Y yo dije: venga”.
Así la ahora Doña Jésica conoció a Doña Pili. Fue empleada de ella durante 3 años, pero por diferencias de opiniones se fue a la competencia o sea Doña Betty. “A ver, Doña Pili es una señora bien jodida. Si no le gustaba como ibas vestida, si para ella no estabas casi desnuda, si te emborrachas o llegabas tarde te multaba. Te cobraba el almuerzo y nunca daba nada de lo que ganaba vendiendo botellas de trago a los clientes que chupaban porque nosotras los hacíamos chupar. Cobraba a los clientes por el palo $100 y a nosotros nos daba $30. Las que hacíamos el trabajo éramos nosotras y ella solo hacía el contacto. Ahí yo reventé y me fui a trabajar con Doña Betty”.
La ahora Doña Jésica duró con Doña Betty 5 años. Pero prefirió alejarse de ella para evitar arruinar la amistad: “¡Ay yo le adoro a Doña Betty! Muy buena gente, nos trataba bien y ella se llevaba el 40% de lo que pagaba el cliente, lo cual a mí me parecía lo más justo. Pero el problema que tiene ella es el trago. Cuando estaba borracha, que era pasando un día, se ponía insoportable. Te proponía pendejadas como que ella esté presente en el cuarto cuando un cliente te estaba haciendo el amor. Pero cuando dije basta es cuando empezó a tratarnos mal y a dudar de nosotras. Por lo menos yo siempre fui leal a ella y ella lo sabe. Cuando decidí abrirme ya había ahorrado mi platita”.
Con el dinero ahorrado Jésica arrendó un departamento y nació Doña Jésica. Dice que durante los años que estuvo al servicio de las otras Doñas conoció clientes VIP. Y son ellos los que ahora le dan de comer. Es soltera. Asegura que su comisión por cada cita es del 30%. Su departamento sirve como punto de encuentro y no permite que ninguna chica, a excepción de ella, tenga relaciones sexuales en su domicilio. En la actualidad está construyendo una página web para vender los servicios de intermediaria por la red.
El servicio que brindan las Doñas es seguro, discreto y bueno. Las tres Doñas exigen que sus recomendadas tengan el certificado de salud al día para evitar enfermedades venéreas y el Sida. Ninguno de los tres puntos de encuentro visitados por éste periodista titulado sugiere la más mínima sospecha de que estos lugares sirvan como matadero sexual. Y, según los comentarios de los clientes, las señoritas que brindan el servicio sexual pre pago son complacientes por lo que, en promedio, los $120 se convierten en una buena inversión. Y un cliente satisfecho siempre regresa.
Bienvenida de casado
Cuando una pareja va a matrimoniarse los familiares, panas, parcelas y amigos le suelen hacer, por separado, una despida de soltero. Pero ya de casados ninguno de estos familiares, panas, parcelas y amigos se comiden en hacerles una bienvenida de casado. ¿En qué consistiría está bienvenida? Simple: en al menos 5 pequeños consejos que los otroras novios agradecerán y les servirán para sobrevivir los primeros 19 días de casados:
1- El reventón
En la fiesta los novios son los que más chupan. Eso es una constante. Si saben que van a libar es mejor tomar las precauciones del caso. Porque después de haber dicho el “sí acepto”, ya en el reventón matrimonial, el trato entre los ex novios cambia. Y comienzan las órdenes disfrazadas de sugerencias. “Cuando iba a tomar el primer trago de la noche, la María Clara me dijo que no tome, que es nuestra fiesta y que me quiere sobrio para que le haga el amor de casados. Esa noche chupé a lo bestia, comí a lo bestia, bailé a lo bestia y después cumplí con la esposa a lo bestia. Para eso tuve que prepararme por varios meses practicando en farras a lo bestia. Además no caen mal unas periódicas vitaminas B para que el trago y la comida, ese día, no pateen”, aconseja Pedro, casado hace 3 años. “Yo sí me chume. No me acuerdo de nada. El recuerdo de mi matrimonio son el video y las fotos de ese día. ¿Cómo no me voy a chumar? Yo me casé para toda la vida, ¡solo voy a tener una fiesta de matrimonio! ”, dice Manuel casado hace dos años. “Mi esposa se puso histérica cuando me subieron a la habitación del hotel en calidad de bulto. Cuando reviví me mandó a la mierda. Pero me tuvo que perdonar porque ya estábamos casados. No podía pelearme”, asegura Juan Carlos casado hace 5 años.
2- La metamorfosis
No importa el tiempo que estuvieron de pelados. Pueden haber sido 5 meses o 5 años. Si no has convivido con tu pareja. ¡No la conoces! “El Juan Ber fue pelado mío 5 años antes de casarme. ¡Y pensé que le conocía! Pero otra cosa ha sido convivir. O sea el man ha estado acostumbrado a que le hagan todo. Y la culpa es de mi suegra. Muy mimado el man. Le puse en su puesto. En la casa ayudamos todos como debe ser. Así me educaron a mí”, asegura María José, casada con el Juan Ber hace 3 años. “Chuta a mi si me tocó duro al principio. Cuando nos casamos “la gorda” tenía 26 años y se suponía que ya sabía cocinar y todo. Incluso estudió afuera, no sé cómo sobrevivió. Los primeros días, la pobre se esforzaba y cocinaba con libro de recetas. Comer esa comida era una prueba de amor. Como yo tampoco sé cocinar, la solución fue contratar a Marinita, la empleada, que es la alegría de éste hogar”, comenta Alejandro marido de “la gorda” desde hace 5 años. “¡Un puerco el man! Se cortaba las uñas en la cama. Comía, leía y trabajaba en la cama. Orinaba en la tapa del escusado. Dejaba la pasta de dientes abierta y la ropa sucia donde le daba la gana. Trabajo costó domesticarle”, recuerda María Teresa, casada hace 8 años.
3- El lado oscuro
Una cosa es que no conozcas sus costumbres pero otra cosa es que aflore el animal que habita en tu pareja. “Fue por el control remoto. Creo que teníamos 7 días de casados y yo quería ver un programa y él la putería del fútbol. Bueno, cuando le quité el control fue como haberle quitado la vida. Se puso rojo de las iras. ¡Me gritó! Y nunca, en los 2 años de pelados, me había gritado. Le lancé el control y, por mala suerte, le rompí la ceja. Quedé como la mala de la película. ¡Pero me gritó!”, asegura Caridad, casada hace 3 años. “¡Es que te hacen tener iras! Creo que a los 10 días de casados nos vamos con toda mi familia a comer fanesca en un restaurante. Todo fibra, todo sabroso. Hasta que pido la cuenta y el mesero me pregunta a nombre de quién la factura. Le respondí a nombre de la Empresa para poder deducir de impuestos. Perfecto. Cuándo el mesero me pregunta el RUC, dije no sé. Iba a sacar de mi billetera la polla con el número y la María Gracia hace el comentario delante de toda mi familia de que ¡cómo puede ser posible que no sepa el RUC de la Empresa! ¡Que si no puedo memorizar 13 números! ¡Qué hasta un niño podría! Respiré y antes que saqué el animal que hay en mí me acerqué al oído de ella y susurrando le dije que si la gran puta dice algo más me va tener que perdonar el mandarle literalmente a la mierda delante de toda mi familia”, recuerda Santiago casado hace casi 5 años y hace dos que sabe de memoria el número de RUC de su Empresa.
4- Cama
Hay que dormir juntos antes del matrimonio. No me refiero al sexo, porque de hecho es hasta sanitario tener relaciones sexuales antes del matrimonio con la persona que, en teoría, va a ser a la única que podrás hacerle el amor por el resto de tus días. Me refiero a literalmente dormir juntos: “O sea, habíamos tenido la típica siestita después de haber hecho el amor. Nunca habíamos amanecido juntos. Y en la noche de bodas estábamos tan borrachos que ni me di cuenta. En la primera noche de luna de miel, el Javier se duerme primero. Y yo me quedo viendo una película, cuando comienza a sonar dentro de él una motobomba. ¡Impresionante! El man ha sabido roncar durísimo. Yo alzaba el volumen de la tele, le movía y nada. Le tuve que tapar la nariz. El pobre se levantó asustado y me acuso de intento de asesinato. Ahora la regla es que yo me duerma primera”, dice Gloria, casada hace 6 años. “Desde que regresamos de luna de miel, todas las mañanas amanecía sin cobijas y con dolor de garganta. Una madrugada me despierto y veo que la Cristina se ha sabido enrollar con las sabanas y las cobijas. Por algunas ocasiones intenté arrancharle las cobijas y ya cuando me dormía no sé cómo pero se volvía a enrollar. La solución fue poner en la cama unas cobijas para ella y otra para mí”, sostiene Sebastián casado hace 1 año. “Un noche me levanta la Daniela y me dice que vaya a ver al Joaquín que está llorando. Yo me levanto de una y voy a verle, pero ese rato me acuerdo que teníamos 15 días de casados y que no teníamos hijos. Cuando prendí la luz la Daniela estaba totalmente dormida. Ahora cualquier cosa que me dice en la madrugada yo le respondo: sí. Y con eso se vuelve a dormir”, asegura Macario, casado hace 1 año. “Yo para dormir con el Gustavo debí haber aprendido defensa personal. Me pateaba, se reía, hablaba y así aguanté la primera semana. Una noche me dio un puñetazo que me dislocó la mandíbula. ¡Sí! No hubo más remedio, desde los 15 días de casados dormimos en camas separadas. Claro que se pasa a la mía cuando quiere manosear éste cuerpecito. De uno de esos manoseos nació el Mateo”, recuerda Paula casada hace 2 años.
5- Poderoso caballero
Seguramente antes del matrimonio, la futura pareja hablará de dinero. Qué cuánto gana uno, qué cuánto gana el otro, qué yo puedo poner esto, qué yo me encargo de esto. Sería bueno que lleguen a un acuerdo económico justo y claro antes de que surjan problemas por la economía del hogar. “Al principio decidimos tener una sola cuenta de ahorros y una sola chequera como símbolo de amor y de confianza. Nos duró 15 días. La María José giraba los cheques sin anotar la cantidad ni el saldo que tenía. Era un peligro, lo mejor que hicimos es cada uno tiene su cuenta y aporta a la casa dependiendo del sueldo que reciba. Así nos hemos manejado durante 6 años”, dice Oscar. “Antes de que nazca el Joaquín los dos aportábamos a la casa. Cuando fui madre el Juan Esteban nos mantenía a todos. Ahora que mi hijo tiene 7 años, otra vez volví a trabajar y aporto en algo a la casa. Si nos animamos a tener otro hijo vamos a sujetarnos al mismo plan. Ahora ya no es como antes que el hombre mantenía la casa. Ahora, en esta economía, la pareja tiene que aportar. Además una se siente útil dando su dinero para su familia. Por algo estudié, por algo soy profesional. Me siento realizada como mujer porque soy madre y tengo trabajo. Y hasta puedo exigir si llega el momento de reclamar con voz y voto”, dice María Eugenia.
El matrimonio, por lo menos al principio, no debería ser una dictadura. Debería parecerse más bien a una democracia. El llegar a acuerdos, el ceder en costumbres, anhelos y gustos son la clave para que este contrato entre dos humanos funcione. Porque en la mayoría de las veces los interesados desean casarse una sola vez en su vida.
Gerente
13 de enero del 2006
Melquiades Rafael Arroyo Anangonó tenía un sueño: redondear $600 en ingresos. Con ésta cantidad le alcanzaría para mantener a su hogar, a las amigas y, ahorrando, para la entrada de un terrenito que, con la ayuda de Dios, pronto se convertiría en una casa.
Hace varios años sus compatriotas de El Chota le comentaron que el negocio ideal era adquirir un carro para hacerlo trabajar como un taxi ejecutivo. Melquiades era mensajero y su sueldo era de $350. El arriendo, la luz, el agua, la mantención de su esposa, las dos hijas que vivían con él, las amigas y el vicio - el alcohol- no le permitía ahorrar un centavo. Peor iba a tener para comprar un carro usado.
Decidió pedir un préstamo en la Empresa donde trabajaba 18 de sus 48 años de edad. No fue fácil. Y no porque no le quisieran prestar el dinero sino que a Marcelina Villalba, su esposa, le aterró la idea de que el carro se convirtiera en una herramienta para socapar las traiciones y fomentar su alcoholismo. Incluso Marcelina se presentó en la Empresa y, casi suplicando, pidió que no se le haga el préstamo. Los Jefes de Melquiades decidieron entregarle el dinero siempre pensando que una persona tan correcta y seria (cuando estaba sobria) como Melquiades se merecía la oportunidad de progresar y cumplir su sueño.
13 de enero del 2007
Melquiades Arroyo estaba cumpliendo su sueño. Hace 9 meses había comprado un carro usado y ahora lo hacía trabajar como un taxi ejecutivo. Sus ingresos bordeaban los $700 mensuales. Pero aún así no le alcanzaba para comprar el terrenito que tanto anhelaba. Y es que los gastos de la casa más la cuota del préstamo que sacó en la Empresa, las amigas y los múltiples choques -la mayoría por conducir en estado etílico- no le dejaban oportunidad para siquiera ahorrar un centavo. Pero Melquiades no se desanimaba. De lunes a jueves trabajaba en la Empresa de 8 a 16:30 y de 16:30 a 22:00 lo destinaba a “hacer producir la nave”. El viernes y el sábado el carro rodaba hasta las dos de la mañana. El domingo descansaba: se iba a visitar alguna amiguita o se agarraba con sus compadres a tomar “un frasquito” que al pasar las horas se convertía en varios.
En uno de esos domingos de “descanso”, Melquiades, completamente borracho, salía de visitar a una amiguita en Calderón y, según él, le chocaron por atrás mientras esperaba que cambie de color la luz del semáforo. Según el parte policial Melquiades tenía el suficiente alcohol en la sangre como para declararle literalmente borracho. Los 28 días que pasó en la cárcel solo sirvieron para fomentar su adicción. Marcelina interpuso sus buenos oficios para que en el trabajo no lo despidieran mientras que el automotor descansaba en las bodegas de la policía.
13 de enero del 2008
Melquiades Arroyo trataba de recuperar su sueño. Ahora sus ingresos bordeaban los $900 gracias al aumento de sueldo que había decretado el Gobierno Nacional y a su “nave” que estaba produciendo mejor que nunca. Aún así todavía no le alcanzaba para comprar el terreno que tanto quería. Los gastos de la casa, las amiguitas y el gasto que había tenido cuando estaba encerrado no le permitían ahorrar. Pero no todo era malo. Hace 1mes había terminado de pagar el préstamo en la Empresa y, gracias a un contacto que hizo mientras estaba preso, tenía un proyecto de formar una Cooperativa para formalizar su segundo empleo: taxista ejecutivo. Solo había que organizarse y trabajar más. Melquiades seguía con los mismos horarios que hace un año. Trató de alejarse del vicio pero siempre tenía sus recaídas y las consecuencias derivaban en serios problemas laborales, económicos y familiares. Pero Melquiades cada vez que se caía se volvía a levantar.
13 de enero del 2009
Melquiades Arroyo tenía un nuevo sueño: Convertir a la Cooperativa de Taxis Ejecutivos Nueva Esperanza en la mejor. Melquiades logró reunir 25 unidades y gracias a la apertura del Gobierno Nacional formó la Cooperativa cuyos socios lo eligieron –por unanimidad- Gerente.
Su nombramiento generó nuevas responsabilidades. Tenía reuniones con altos ejecutivos de la Comisión de Tránsito y siempre era el primero en concurrir a las marchas que el nuevo gremio de taxistas ejecutivos había formado para defenderse de los taxis amarillos. Melquiades y sus socios arrendaron un pequeño inmueble e invirtieron en repetidoras y radios para poder estar comunicados. Melquiades contrató dos recepcionistas que monitoreaban el servicio y adquirió un programa de cómputo que, sin duda, mejoró la calidad y cantidad de las carreras.
Pero Melquiades estaba en un dilema. Sus ingresos alcanzaban los $1.200, sin embargo cada vez descuidaba más su trabajo de mensajero en la Empresa. Sus jefes hablaron con él y le dieron un ultimátum: o la mensajería o la Gerencia.
13 de enero del 2010
Melquiades Rafael Arroyo Anangonó acababa de cumplir 53 años. Ganaba $1.800 mensuales y pagaba el carrito nuevo y la casita que el Gobierno del Presidente Correa le ayudó a sacar. Fue despedido hace 6 meses de la Empresa en donde trabajaba de mensajero; mejor dicho recibió el visto bueno del Ministerio de Trabajo por padecer de alcoholismo. Trató de cambiar: estuvo tres meses en un centro de rehabilitación. Luego de 3 meses volvió a tomar y se quedó sin esposa, sin hijos, sin nietos y sin amigas. Pero era el Gerente de la Cooperativa de Taxis Ejecutivos Nueva Esperanza a tiempo completo.
Reportaje: la puta extranjera
Ruth y Alicia son dos trabajadoras sexuales ecuatorianas. Ruth es de Chone, tiene 26 años, 2 hijos y vive sola, aunque tiene enamorado. Alicia es de Milagro, tiene 22 años, sin hijos pero, según ella, con miles de deudas y no tiene novio. Ambas se quejan de que la competencia extranjera afecta a su performance meretriz: “Yo empecé en esto hace 6 años. En esa época “las duras” eran las colombianas. Los clientes las preferían pero como uno tiene lo suyo terminaban consumiendo el producto nacional. Después de un tiempo vinieron unas argentinas. Para qué también lindas chicas pero súper sobradas. ¡Ahí sí que las pasé mal!, solo mis clientes fieles estaban conmigo”, recuerda Ruth.
Según Alicia no es justo que se contrate chicas extranjeras: “Aquí, en Ecuador, hay lindas chicas. Aunque a muchos clientes les guste lo de afuera si nos dieran una oportunidad se darían cuenta que nosotros también somos buenas. Ahora están de moda las cubanas, las colombianas están de segundas y al último estamos nosotras. Incluso entre las ecuatorianas hay preferencias, los serranos siempre quieren a las costeñas”.
Génesis y Orfi son dos chicas cubanas. Ambas tienen 20 años y afirman que los 7 meses que han pasado en nuestro país les ha ido muy bien. “El ecuatoriano es un hombre tranquilo y generoso. Las ecuatorianas son calladas y solidarias. Nosotras nos llevamos bien con todas. No le cruzamos los clientes a nadie pero si el cliente nos prefiere es por lo que tenemos y lo bien que le tratamos. El cliente busca pasar un rato chévere, olvidarse de los problemas y encontrar satisfacción sexual en un encuentro casual. Eso le damos nosotras a los clientes. Cuando regresan, aunque no nos contraten más nos saludan y eso quiere decir que quedaron satisfechos con nuestro servicio. Por eso nos prefieren. Ya no es culpa”, dice Génesis.
Pero también hay ecuatorianas que han exportado su cuerpo. Raquel pasó 5 meses en España y el hecho de ser latina le sirvió para ganarse la preferencia de los españoles. “Hice bastante plata. Lo difícil no era conquistar a los hombres sino luchar contra las españolas que son nacionalistas y bien unidas. Cuando podían me jodían la vida. Por eso sólo duré 5 meses”.
Para Avelina, mami del Éxtasis Club Privado, lo justo sería tener mitad nacionales y mitad extranjeras. “Aquí hay un 80% de afuera y un 20% ecuatorianas. Pero eso es lo que piden los clientes. A veces las extranjeras son más vivas, más entradoras. Le envuelven al cliente y terminan acostándose con él. Ellas no esperan que le vengan a buscar, ellas atacan. Además ayuda el morbo que tienen los ecuatorianos por lo diferente. Escuchan que son de Cuba y se arrechan más. Tuvimos una vez una chica rusa y fue la atracción. Venían al Club solo para ver a la rusa y hasta esperaban que se desocupe para contratarla. La contrataban por la satisfacción de haberse acostado con una rusa. En cambio, las ecuatorianas son muy serias, poco coquetas y pueden pasarse la noche entera sentadas esperando que le vengan a buscar. No hay cosa más fea que una puta brava o arisca. Y otra cosa, las ecuatorianas son más enamoradizas. Se dejan convencer de las promesas de los clientes y terminan aceptando cualquier propuesta como encontrarse afuera del Club, que no estaría mal pero las tontas no lo ven como negocio sino que lo hacen por amor o sea gratis”.
Manuel, cliente nacionalista, se siente decepcionado de que los hombres lleguen y pregunten por colombianas o cubanas. Asegura que en Colombia o Cuba no preguntarían por las ecuatorianas pero que aquí, si hubieran putas bolivianas, la gran mayoría las preferirían: “Yo prefiero lo nacional. Soy un puro criollo, hincha a mucha honra del único bi-tricampeón nacional y solo con jugadores ecuatorianos. En cuanto a las chicas, las extranjeras son muy sobradas. En una despedida de soltero me acerqué a una colombiana para negociar un polvito para el novio y me contestó preguntándome si el novio no tenía boca, que si quería algo con ella que él venga personalmente. Me fui donde una ecuatoriana y la chica feliz de haber sido escogida para la ocasión. Es más, las veces que he estado con una ecuatoriana me puedo quedar conversando luego del polvo. Me cuenta de su vida y cosas. Hay más comunicación, son más acolitadoras a lo que uno les proponga. Con la puta extranjera es el punto y ya. Están chequeando todo el tiempo el reloj y le presionan a uno que ya acabe, que si no la multan. No son cariñosas”.
Félix, un cliente frecuente, no se hace problema: “Yo me voy con la que me guste y la que me dé un mejor precio. En eso las ecuatorianas son más flexibles aunque sí he encontrado a extranjeras que me han dado descuento. El secreto está en ir entre semana. Como hay poco trabajo las chicas aceptan lo que uno diga”.
¿Y entonces? ¿Consumir lo nacional o lo importado? Es lógico que una cara bonita y una espectacular figura guiará al potencial cliente a ciertas tendencias sin importar la nacionalidad. Sin duda el precio, el trato y la impresión de que la escogida se convertirá en el polvo de su vida podrá influir en la decisión del cliente. Pero tal vez sería bueno probar primero lo ecuatoriano y luego lo extranjero para sacar conclusiones.
Crónica: La Red de Oro
Aclaración para el lector insensato: la siguiente crónica es real y es en serio.
Winston Manfredo Calderón Espinoza está feliz. Sus ojos se llenan de lágrimas y, aunque sabe que tiene que decir algo, siente que le falta el aire para siquiera pronunciar “gracias”. Tiene 38 años, nació en Santa Lucía parroquia de la provincia del El Carchi. Trabaja, de 6 de la mañana a 2 de la tarde como operador de máquina en una empresa de sanitarios. De 2 de la tarde a 6 de la tarde juega ecuavóley. De 6 de la tarde a 10 de la noche practica guitarra con el grupo Los Caimanes de Santa Lucía, y desde la 10 de la noche se queda en casa con su mujer y el recuerdo de su hijo de 10 años que estudia en Mindo, pueblo ubicado al Noroccidente de la Provincia de Pichincha.
Al fin logra decir “gracias”. Y le invita al escenario a su Jefe a recibir La Red de Oro, trofeo destinado al mejor colocador en el Torneo Nacional de ecuavóley 2009. Winston, apodado “el combo” por su espectacular manera de elevarse en el aire y conectar con su mano la bola, está cansado. Su equipo, Nueva Esperanza, ganó en 3 sets la final a la Nueva Clínica Internacional. Pero sabe que no puede descansar. Son las 21:30 y en 45minutos tiene que estar en el Comité del Pueblo para una presentación de Los Caimanes de Santa Lucía. Él es la guitarra principal y hace los coros. El grupo toca toda clase de música pero la Bomba es su especialidad. Winston se escabulle entre la multitud y busca un baño para refrescarse y ponerse el traje de $75 que lo identifica como miembro de Los Caimanes.
Después de 15 minutos un taxi lo deja en el Coliseo del Comité del Pueblo. Ahí lo esperan los otros músicos. Siempre es bueno templar la voz y los nervios con un toque de puntas. Se toma tres tacos y comienza a calentar la guitarra. Enseguida son presentados. Winston da la clave “en un, dos, un, dos, tres y…”. Entre canción y canción las puntas son bienvenidas. Ahora sirve para destemplar la voz. La función termina a la 1 de la mañana. Winston ya está chumado. Está feliz. Ganó la Red de Oro y la presentación de Los Caimanes fue espectacular. Pero es consciente que después de 5 horas tiene que trabajar. Tiene que recuperar el día de vacación que por el feriado de Carnaval el Gobierno Nacional decretó con la condición de que sea pagado los 2 próximos sábados posteriores al feriado.
A pesar de estar acostumbrado a que su cuerpo no descanse durante 24 horas seguidas Winston se duerme. Al despertar se da cuenta que son la 9 de la mañana. Enseguida se levanta y pide un taxi para llegar a su trabajo. “Me tengo que quedar tres horas más para reponer el atraso. ¿En cuánto me multarán? Ah, pero tengo ensayo con el grupo a las tres de la tarde. Voy a tener que reponer el atraso el próximo sábado”, piensa Winston en el trayecto a su trabajo.
Los compañeros de la fábrica saludan con Winston y lo felicitan por el juego de anoche. Winston, todavía chuchaqui, se conduele por él al ver el trabajo que le espera. Pero imagina: “de aquí me quedo hasta las 2 de la tarde. Luego voy donde los Caimanes y por último voy a mi casa, a dormir”.
Después de 3 horas de trabajo el dueño de la fábrica entra a la planta y al ver a Winston le pregunta que qué hacía ahí. “Tengo que trabajar”, responde Winston. El Jefe le ordena que suba a la oficina. Ahí es recompensado con $500 por “jugar tan bien y ganar la Red de Oro para la Empresa, además anda a descansar. Debes estar agotado”.
Winston se va feliz. Se despide de sus colegas y huye hacia su casa. El bus está lleno y Winston se preocupa cuando un señor sin pierna ingresa al bus y nadie le cede el puesto. De pronto la maniobra del bus provoca que éste se mueva y el señor sin pierna apenas choca con la humanidad de Winston, “tranquilo familia, solo tengo una pierna y dos muletas”. Winston se ríe. Le inspira compasión. Al llegar su parada se baja del bus. Camino a su casa la gente le va saludando y reconociendo por el juego de anoche. De repente un taxi le pita, es su hermano. “¿Y qué te dieron de premio?”. Winston se toca su bolsillo. Está vació.
En el carro del hermano alcanzan al bus. El señor sin pierna ya se había bajado. Lo buscan. Averiguan. Le explican que el señor sin pierna es un experto ladrón y que retorna al lugar de los hechos cada cierto tiempo. “Hace trabajitos en el Sur, en el Comité y ahora tocó Calderón”, le explica un hacendoso vecino.
Winston está picado. Su hermano compra un par de cervezas que en cuestión de dos horas y media se convierten en dos jabas. Winston decide irse, chumado y chiro, a su casa. Llora. Al entrar a la casa le explica a su esposa lo ocurrido. Lloran. De repente un vecino llega y le alerta que el señor sin pierna ha sido visto por el sector de Marianas cerca de ahí. Winston llama a su hermano. La cacería empieza.
Al ver que el señor sin pierna se baja de un bus Winston se baja del carro. “! Qué cobardía, pobre hijo de puta, y yo que te tenía compasión ¡” grita Winston mientras su cuerpo se eleva y su mano conecta, cual ecuavóley, un perfecto combazo en la cabeza del señor sin pierna. El discapacitado cae golpeándose la cabeza en el pavimento. Está muerto.
Los familiares de Winston y el Jefe de la fábrica hacen todo lo posible para que no le metan preso. Pero la acusación es contundente: “Asesinato culposo sin premeditación”.
Pero no todo es malo para Winston. Después de estar detenido por 48 horas en la Policía Judicial, es trasladado por orden de la Comandancia General a una cárcel especial llamada Cárcel 4. El ser ganador de la Red de Oro 2009, le sirve para tener ciertos privilegios dentro de esta prisión. Primero está eso, la de estar en una cárcel que no debería y que solo acceden los que tienen plata o padrinos. Winston tiene padrinos, nada más y nada menos que algunos miembros de Policía que son fanáticos del ecuavóley. Mientras Winston recibe trato especial en la cárcel de privilegios; guías, policías y presos ganan dinero apostando en los partidos que “el combo” juega y gana en la cárcel. Mientras Winston espera su sentencia sin que le falte nada a él o su familia, su corazón extraña a su esposa y a su hijo. Añora las presentaciones junto a los Caimanes de Santa Lucía. Le hace falta su trabajo, sus compañeros. Y llora por su libertad.
Entrevista a un ex-putero
Desempolvando al periodista que vive en mí, entrevisté a un Ingeniero Comercial que durante 27 años gastó cerca de $28.000 en 190 prostitutas. En la actualidad lleva 5 años “limpio”.
- ¿Cómo empezó su adicción?
“Por adelantado. Le explico: tengo un hermano mayor que me lleva dos años y varios primos igual de mayores. Mi familia tiene una hacienda en El Carmen en donde pasamos las vacaciones y los feriados. Cuando yo tenía 13 años veía a mi hermano y primos salir a farrear al pueblo mientras yo me quedaba enjaulado en la casa de hacienda viendo la revista Estadio, ¿sí sabe de qué revista le hablo?”
- Sí, ¿la de fútbol?
“Exactamente. Bueno es que mi padre compraba siempre esa revista y las viejas las llevaba a la hacienda. Encontraba Estadios de los 70 y 80. Bien interesante pero nada comprado con salir con los hombres a una noche de lujuria. Entonces vino el gran día. De tanto rogar se apiadaron de mí y me llevaron a “matricularme”, a hacerme hombre, a tener mi primera relación sexual. Y claro fue en un chongo, ¿si sabe lo que es un chongo?”
- Es un prostíbulo
“Sí bueno, como en la mayoría de hombres mi primera vez fue con una puta. Y me encantó”.
- Es obvio que para los hombres, por lo menos para la mayoría, la primera relación sexual es una experiencia gratificante. Pero eso no les lleva a convertirse en adictos al sexo o a las putas.
“¿Usted cree? ¡Regresaba a la hacienda cada vacación, cada feriado y, como ya aprendí a manejar carro, me escapaba para ir a los chongos, me tiraba dos putas! En el Colegio les conté a mis amigos y en varias oportunidades nos fuimos a El Carmen para que ellos vivan la experiencia que yo había vivido”.
- ¿Pero ninguno de sus amigos se hizo putero como Usted?
“No, pero creo que fue por el dinero y los valores de mi familia. Le explico: mi Padre tiene dinero. Desde joven me dieron la suficiente mesada como para despilfarrar en putas. Cuando empecé a trabajar la cosa empeoró. Con más plata más putas. Y en mi casa mi familia estaba acostumbrada a que mi Papá tenga varias mozas. Para un hombre como yo, en esa época y después también, mi objetivo en la vida giraba en torno a las mujeres”.
- ¿0 sea este tipo de adicción se da solo en las personas con posibilidades económicas?
“No. Le comenté lo del chongo en la hacienda, ahí, en la actualidad, estar con una mujer cuesta $7 y, créame, los chongos son repletos. El jornalero reserva $7 más $3 de la cerveza para estar semanalmente con una puta. No tiene dinero ni valores pero es putero.”
- ¿Cuándo fue la última vez que estuvo con una puta?
“Hace 5 años. Cuando tenía 40 años.”
- ¿Hace 5 años su vida giraba alrededor de las putas?
“¡Le digo, era cuestión de plata y de valores! Mi especialidad nunca fue conquistar a las mujeres. Yo no soy un Don Juan. Para mí lo fácil era ir a un Cabaret y pagar una puta. Y verá que me hacía amigas de ellas. Digamos que la primera vez que teníamos sexo era una inversión. La segunda y la tercera era por pana y hasta se enamoraban de mí. Mis amigos tenían enamoradas que había que impresionar, conquistar y trabajar para un beso; yo pagaba para eso, es un principio empresarial: costo-beneficio. ”.
- ¿Cuánta plata gastó en putas?
“Una fortuna. Veamos: antes era en sucres pero pongamos que al cambio de la época cuando comencé en los chongos una puta costaba $5 en promedio. Desde los 13 años hasta los 18 años son 5 años. En cada año hay feriados de carnaval, semana santa, 1 y 24 de mayo, 10 de agosto, 2 y 3 noviembre, Navidad y fin de año más las vacaciones largas. Como yo me pegaba dos palos en cada visita a El Carmen de esos 9 feriados serían 18 putas al año, multiplicado por 5 años son 90 chicas y esto multiplicado por $5 son $450 hasta que cumplí la mayoría de edad y me puse a trabajar. De ahí hasta que cumplí 40 años, y ya en Quito, contraté en promedio 5 putas por año durante 22 años nos da 110 putas a un promedio de $250 por chica (entre la tarifa, la habitación y trago) nos da $27.500 más los $450 de mi época juvenil da el gran total de $27.950. Sí, más o menos eso me gasté cuando era putero”.
- ¿Y nunca tuvo enamoradas?
“Claro que sí. Pero no era fiel. Siempre terminaba con una puta”
- ¿Cómo hizo cuando estaba casado?
Llevar dos vidas. Mentir y engañar.
- ¿Cuando se dio cuenta que era un putero?
“Sería mejor decir adicto a las putas. O bueno sería a las mujeres porque no le voy a negar que de vez en cuando tenía relaciones con chicas que no había que pagarles pero que se agarraban a uno como una garrapata. Hasta por eso es mejor tener sexo con una puta porque es una relación sin obligaciones. ¿Qué cuándo me di cuenta? Cuando fracasó mi segundo matrimonio. Imagínese que tuve moza por un año. Pero había días que estaba con mi esposa, lo hacía con mi moza y no contento me iba a un cabaret o llamaba a un servicio de acompañantes. Era una locura. Mi esposa se dio cuenta de la moza y me mandó a volar. Y no me importó. Mejor, más libertad. Me fui a vivir con mis padres para no estar solo pero arrendé una suite que me sirvió de matadero. Me iba a un cabaret, sacaba a una puta de ahí y la llevaba a la suite”
- ¿Y las enfermedades?
“Creo que el alcohol y las putas no son una buena combinación. Cuando estaba chumado me volvía más bestia. No me importaba nada, si la puta me decía sin condón, pues sin condón. Si no me satisfacía una, contrataba otra. Una vez estuve con dos mujeres al mismo tiempo y otra con dos lesbianas. Gracias a Dios no me ha dado nada”.
- ¿Cuándo buscó ayuda?
“Creo que cuando estaba en una relación y más aún de enamorado o casado, mi conciencia no me dejaba tranquilo. Iba a la iglesia, hacía promesas y volvía a caer. No sé, un día me dije que sí podía manejar esta situación. Decidí irme sobrio a un cabaret solo para ver si podía contenerme y lo estaba haciendo bien hasta que apareció una ex enamorada puta y volví a caer. Esa noche me emborraché ahí, gaste $1.500 en trago, habitación y putas. Sí, me había tirado tres putas y ninguna era la ex enamorada puta. A las 5:30 de la mañana, cuando estaba saliendo del antro me encontré con mi ex enamorada puta y me dijo: “Estás enfermo. Hay gente que te quiere, esas, la de hoy, o las de ayer y las de mañana solo quieren tu dinero y tu salud. No te estoy reclamando. Yo estoy enamorada de ti pero eres un perro y te vas a quedar solo”
- ¿Y qué hizo?
“Nada. Pero me hizo pensar. Después de dos días de esa noche tuve que llevar al hijo de un colaborador mío a un centro de adicción de drogas. Mientras esperaba en la sala leí un folleto en el que indicaba mis síntomas. Y es que, como usted debe saberlo, hay miles de adicciones. Y dije sí, esto es lo que me pasa a mí. Necesito ayuda profesional. Y estuve en terapia dos años”
- ¿Cambió su vida?
“Brutalmente. Llevo 5 años sin acostarme con una puta. Estoy limpio. Tengo una relación y dos preciosos hijos. No necesito más. Las putas siguen ahí. Si quisiera, a la hora que me dé la gana podría. Es más mi terapeuta me dijo que si me descuido puedo volver a caer. Pero sabe qué, me da pereza. No es ni asco ni miedo ni plata. Estar mintiendo, llevar dos vidas ya pasó para mí. No digo que soy un santo pero creo que ya lo puedo controlar. Es más he vuelto a cabarets para despedida de solteros de amigos y no me ha provocado hacer nada. Yo respeto a las putas. ¡Qué tal trabajo!, vender su cuerpo. ¡Hay que ser machos!”
- ¿Algo que quiera agregar?
“Nada. Creo que la adicción es un problema. Pero tiene solución. Espero, con mi experiencia, educar a mis hijos sin este mal necesario”.
