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Juan Bernardo Guarderas-Hayek
Ex ingeniero en sistemas; ex emprendedor; ex miembro del Movimiento Empresarios Por La Libertad; ex colaborador de Cordes; vivía en Quito con su mamá. Reside ahora en los Estados Unidos de Norteamérica.
Sitio Web:: http://juanber.ecuadorinsensato.com E-mail: Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Sueño no erótico
Hola amigos. Siento mucho no haber escrito antes, pero me parecía incoherente, por decir lo menos, que un libertario utilice para sus fines privados una biblioteca pública pagada por los impuestos de otras personas.
Pero dos razones me hicieron cambiar de opinión. La primera, que aquí en Springfield no hay un maldito café net; la segunda, que un amigo libertario que trabaja en la USFQ me escribió que no tenía nada de malo usar bienes estatales, puesto que yo ya los había pagado con mis impuestos.
En realidad, como ustedes perspicazmente se habrán dado cuenta, yo no he pagado impuestos todavía aquí en Estados Unidos porque todavía no he tenido la oportunidad de trabajar y producir, pero algún día lo haré, así que mi uso de la biblioteca pública es como un préstamo que me hace el gobierno federal (así le dicen aquí al Estado) a cambio de los impuestos que me sacará a punta de pistola en los próximos años.
Lamentablemente, me han sucedido varios incidentes un poco tristes en estas semanas, pero lo más inquietante ocurre por las noches, después de haber cumplido mi deber con la Brittany, la gringuita intelectual que me levanté en la biblioteca, y que resultó saber cumplir a plenitud con el supuesto microeconómico del no saciamiento.
Les explico: apenas me duermo, exhausto, empiezo a tener lo que denomino un “sueño no erótico”. Podría ser erótico, porque consiste en que yo comparto la cama con dos mujeres bastante atractivas; pero no lo es, porque –extrañamente, dadas mis capacidades – no les hago nada. Yo estoy en la mitad, super tenso, sin mover un músculo. A mi lado derecho, está Gabriela Calderón (de Burgos), lo cual, evidentemente, me parece sensacional; pero el problema es que a mi lado izquierdo está Rosanna Alvarado, la asambleísta de Acuerdo País.
¿Se dan cuenta de lo que me está pasando? Si tuviera dinero o seguro médico, ya hubiera ido a ver a un sicólogo, pero aquí no es como en el Ecuador, donde cualquiera es sicólogo organizacional o reiki o alguna de esas cosas; aquí son super respetados y te sacan un ojo de la cara.
No sé qué significan esos sueños recurrentes, pero estoy bastante preocupado, tanto que ni siquiera los incidentes que me han ocurrido en estos días me han hecho molestar tanto como los sueños.
Les cuento lo que me ha sucedido. Poco después de haber escrito mi anterior post, conocí a un negrito (los libertarios no somos racistas, por si acaso) que me invitó a pescar en un hermoso parque de por aquí cerca que parece de postal (solo faltaba que apareciera Bambi). Pero después de un par de horas de solo pescar algas, el tipo salió corriendo sin dar explicaciones. Ya se imaginarán por qué corría, pero yo me porté lento y, cuando me di cuenta de la razón, era demasiado tarde: el policía ya estaba a mi lado.
Muy cortésmente, el officer me pidió un permit. Un what?, le contesté sorprendido. Resulta que para pescar en los lagos y ríos de esta zona se necesita un permiso especial emitido por el departamento de cualquier pendejada burocrática-ecológica del Estado de ….. Le contesté que, como libertario, no creo que el Estado debería regular la pesca ni el uso de los recursos naturales, y empecé a explicarle un poco sobre el teorema de Coase.
El chapa (era chapa mismo, aunque grandote y rubio) me escuchó cortésmente, y me dijo con mucha amabilidad que debería escribirle a mi congresista. “Si yo fuera citizen, lo haría sin duda”, le contesté. Me quedó viendo con una expresión extraña, y luego me dio una palmada en el hombro. “Tienes suerte de que no estamos en Arizona”, me dijo, y “de que soy hermano del director del Tea Party Movement del condado de Springfield”.
Como ustedes mis bien informados lectores sabrán, el Tea Party Movement es una especie de movimiento ciudadano que surgió como rechazo a las políticas socialistas del Obama. Maravilloso país: aquí los movimientos ciudadanos de masas son libertarios. ¡Es como si nuestros longos fueran libertarios! ¿Se dan cuenta? (Claro que en el Ecuador también algunos libertarios son medio cholitos, pero bueno, si me cachan, ¿no?)
Mi segundo incidente fue después de salir de la iglesia la semana pasada (ah, cierto, me olvidé de contarles que me hice miembro de la iglesia bautista, por influjo de la Brittany, que es super cristiana, y porque ahí regalan ropa y dan sopa caliente los lunes, los jueves y los sábados, que son los días en que no puedo dormir donde la Brittany porque viene a visitarle el enamorado). El punto es que, por buena gente, me ofrecí a pasearle el perrito a una anciana dama que se había roto la pierna durante un juego de bingo en el community center.
Salí, como buen civilizado, con el perro y una inmunda fundita para recoger las mierdas del animal , pero el desgraciado no quiso hacer nada durante nuestro recorrido, y solo me miraba desconfiado y me gruñía como si fuera un agente encubierto de migración. Justo cuando ya habíamos regresado y yo ya le había quitado la correa y dejado la funda en el suelo, el perro hdp comenzó a gemir, así que tuve que sacarle otra vez al apuro para que hiciera lo suyo.
Les juro que solo hizo una bolita, mínima, que ni se notaba, pero justo pasó por ahí una inspectora de sanidad. Para no hacer la historia larga, les advierto que las bolitas chiquitas valen la misma multa que las grandes (140 dólares más una visita a la corte), y que todo perro tiene que salir a la calle con su respectivo collar e historial médico (multa: otros 140 dólares y otra visita a la corte). Si me deportan por hacer cagar a un perro sin llevar funda, seré la vergüenza del movimiento libertario.
El tercer incidente es un poco más gracioso. Desesperado por ganar algo de dinero, me interesé por una noticia en internet que decía “Local mom makes $5,000 a week working from home”. Cuando vi eso, me dije: maravilloso país de la libertad y la innovación, donde hacer dinero fácil no es pecado. Así que me metí al sitio web de ese negocio y me inscribí en su programa. Estuvo todo bien al principio, y hasta la Brittany me prestó la tarjeta de crédito para pagar el programa (solo 10 dólares valía) y ya.
Pero a los tres días, en la tarjeta de la Brittany le habían cobrado 39.99 dólares. Resulta que, en la letra pequeña del contrato, decía que, si en tres días hábiles no cancelaba, le iban a cobrar esa cantidad cada mes. Y ahora, para cancelar el contrato, había que pagar 199.99 dólares.Claro, la noticia que leí era publicidad encubierta. La Brittany gritó que el Estado debería regular a esos estafadores, que las únicas innovaciones que produce este país son estafas (estafa inmobiliaria, estafa en acciones, estafa en internet), pero yo, amablemente, le contradije, y le comencé a explicar que el error fue nuestro por no leer el contrato, y que si el Estado se mete a regular esto, pronto se meterá en todo y que…
En todo caso, ya me había cansado de la Brittany. Como ya dije, tiene novio (un gringo con cara de ángel, electricista y miembro de la iglesia), y a mí solo me usa como diversión y para que le enseñe a bailar salsa. Así que, cuando me sacó de su casa, me fui contento a dormir en el parque.
Como la iglesia presbiteriana tiene un albergue, ahora soy presbiteriano. Lo bueno es que el chapa me encontró en el parque donde me paso leyendo todo el día y me invitó a la próxima reunión del Tea Party Movement de Springfield, y ahí estoy seguro de que voy poder pescar a alguien, ya sea para que me pague los estudios en GMU o para que se case conmigo y me de la green card.
Les mantendré informados. Adiós.
PD Si alguno de mis lectores es psicólogo – aunque sea sicólogo industrial – por favor que me dé interpretando mi sueño no erótico. Se lo agradeceré con una mención en estas páginas. Y a los que llenan de spam los comentarios a mis columnas, solo puedo decirles que Juan Bernardo Guarderas Hayek nunca ha necesitado ni necesitará viagra. Si no lo creen, les paso el teléfono de la Brittany para que le pregunten: 555 288 5130.
No volveré
Sí, amigos, lo acepto: me fui como el perro, sin despedirme de nadie, como si hubiera estado escapando de la justicia. Sé que me han extrañado mis selectos lectores – ya sé que me leen menos que al viejo degenerado de arriba, pero eso sucede porque yo escribo mínimo para gente con nivel de maestría, para los “happy few” –, y por eso me disculpo solemnemente.
Pero cuando uno lleva una vida tan acelerada como la mía, a veces hay que sacrificar lo más querido, y yo tuve que sacrificar a Deifilia y a mi querida columna, con tal de cumplir con mi anhelado sueño de partir en busca del sueño americano.
Estoy seguro de que les costará creerlo, de que creerán que he perdido por fin la cordura, pero es la pura verdad: logré por fin pisar el suelo de la libertad, el suelo de las oportunidades, el suelo del capitalismo de verdad, la patria de Alexander Hamilton, de Calvin Coolidge, de Ronald Reagan.
¿Cómo - se preguntarán ustedes – si hace pocos meses me negaron la visa? Nunca subestimen a Guarderas-Hayek. En todo caso, no puedo contarles mi hazaña con detalles, porque no quiero exponerme a los tentáculos del Department of Homeland Security, pero quédense tranquilos al saber que ya tengo tarjeta de social security y que pronto hasta tendré una green card que parece de verdad.
No se preocupen por mí: no estoy en Arizona, sino en… tampoco puedo decirles donde estoy por si acaso, así que quedemos en que me encuentro en una templada ciudad llamada Springfield, en algún lugar al este del Mississippi.
Y ahora que por fin encontré una biblioteca pública donde me dejan usar computadora e internet gratis durante un par de horas al día, puedo por fin retomar esta bitácora y volver a conectarme con ustedes, mis queridos lectores.
He venido aquí con dos misiones: la primera, comprobar en carne propia los efectos de la libertad para aplicarlos, quizás algún día, en mi país; y la segunda, tratar de entrar a estudiar en George Mason University, porque sin una maestría en economía libertaria, nunca nadie me va a tomar en serio (nunca olvidaré lo que me decía el antipático del Vicente Albornoz en Cordes mientras practicaba la modulación de la voz para su segmento de economía en el atorrante canal: “Cállate y arregla la compu…”). Sin maestría en GMU, nunca podré quitarle el segmento al Albornoz, ni podré hablar confiadamente con Gabriela Calderón, y nunca van a publicar mi columna en El Comercio. Así que no me quedó más que tomar el toro por los cuernos y cumplir con mi destino.
Pero tengo que confesarles que temo que mi plan no resulte. Es verdad: sospecho que aquí, en la tierra de la oportunidad, tarde o temprano van a descubrir mis talentos, y entonces, con fama y fortuna, quizás me olvide de ustedes y del Ecuador. Y entonces, un día tendré que decirles: “No volveré”.
Pero bueno, mejor no pensemos en el futuro. Sobre el pasado, les cuento que al final Deifilia no había sido tan tonta ni tan cristiana como me dijo, y que aprendió muy bien las lecciones que le di sobre economía: mientras duró nuestra relación, ella había estado maximizando el uso de sus recursos, ubicándose en una curva de indiferencia que parecía una cama. Es decir, para quienes no sepan economía, estaba acostándose con bastantes personas, para ver si alguno de ellos caía. No le importaba quién fuera (es decir, le daba igual con quién estaba, era indiferente entre sus opciones), con tal de que alguien cayera. Así que cuando no pudo atraparme a mí, atrapó a otro. Aunque no debería hacerlo, agradezco ahora al Registro Civil por haber sido tan ineficiente y salvarme de ser cuerneado por más tiempo.
Yosmani, por su parte, abandonó el negocio de compra-venta de artículos eléctricos, consiguió la ciudadanía ecuatoriana, y ahora trabaja en el Ministerio de Relaciones Exteriores como asesor de Kintto Lucas, un uruguayo castrista que asesora al ministro Patiño.
Pero bueno, el pasado está muerto, y lo único que tenemos es el día de hoy. Aquí estoy, entonces, en una biblioteca, en un cálido día de julio. Voy a contarles acerca de mi aprendizaje acerca de la libertad en esta tierra gigantesca, pero ahora tengo que despedirme (acaba de sentarse a mi lado una rubia medio fea con cara de intelectual, y me he dado un plazo de seis meses para casarme con una gringa y poder conseguir una green card de verdad). Deséenme suerte, individuos.
Registro incivil
Hola queridos individuos. Gracias por sus constantes muestras de apoyo y comentarios solidarios con mi situación. Pero como las desgracias nunca vienen solas, tengo que contarles que la ley de Murphy se ha cumplido otra vez, y lo peor que podía pasar ha pasado: sí, Deifilia está embarazada. Sí, voy a ser padre.
No me feliciten. Nunca he querido dejar descendencia – al menos descendencia reconocida. Para un idealista, un luchador como yo, nada peor que traer hijos al mundo. Primero, porque son una molestia; segundo, porque a un hombre casado y con hijos no le queda más que pensar en cómo mantener a la familia, y eso lleva irremediablemente a conseguir un trabajo estable y ser un mediocre panzón toda la vida; y tercero, porque los hijos de grandes hombres siempre terminan sufriendo por la grandeza de sus padres.
Pero Deifilia no quiere entrar en razón, así que no sé lo que debo hacer. Como buen libertario, creo en la unión libre, pero ella quiere un matrimonio por la iglesia, vestida de blanco, con padrinos, con brindis del mejor amigo, exactamente como en una película gringa. Y, según mi madre, también quiere la residencia ecuatoriana. En todo caso, esto es lo que 60 años de marxismo-leninismo cubano han logrado: de los inmigrantes que conozco, que ya son bastantes, la mayoría o son cristianos, o son más consumistas que mujer panameña o son grandes admiradores de la cultura imperial, o las tres cosas a la vez. Ahí está el famoso nuevo ser humano que quería formar el Che.
Pero bueno, la posibilidad de tener descendencia me hizo pensar en mis ancestros, y decidí dar el paso final para oficializar el cambio de apellido de la familia de Guarderas Hayek sin guión a Guarderas-Hayek con guión. De esa manera, ese hijo que espera Deifilia será también Guarderas-Hayek como yo, y mis nietos y bisnietos y así hasta el fin de los tiempos (que no será en el 2012 ni será por el calentamiento global, que es una farsa de los ecologistas rojos).
Tal vez les parezca tonto, pero no lo es. No es que yo sea un conservador cavernario como ese “don” Cordovez Yerovi que escribe también en este medio, pero hay que reconocer que en el país todavía es importante mostrar un apellido extranjero, sobre todo si suena a anglosajón. Es una ventaja que no vale la pena desperdiciar. Y bueno, si ustedes no lo creen así, respeto como el que más su opinión, porque todos los libertarios somos ante todo tolerantes con los errores y bobadas de los demás, mientras no infrinjan nuestras libertades ni nuestros derechos de propiedad y de consumo.
Pero para cambiar oficialmente mi apellido, tuve que enfrentarme al monstruo estatal, encarnado en el Registro Civil, que es el símbolo máximo de lo que puede llegar a ser el Estado.
Me dirigí al Registro Civil de la Amazonas, para ver si podía cambiar mi nombre y, de paso, averiguar los requisitos para el matrimonio civil (porque el matrimonio eclesiástico necesita la aprobación estatal, imagínense, la herencia de Eloy Alfaro).
Muchos de mis lectores me han dicho que mi posición anti-estatista es extremista, y una de las pruebas que me han dado es la supuesta transformación del Registro Civil. Que el de la Amazonas parece banco, que la atención es buena, etc, etc.
Bueno pues, fui a comprobarlo y sí, no voy a ser tan fanático como para negarlo, el servicio ha mejorado. Las instalaciones son más decentes que ese inmundo galpón de antes, las filas están ordenadas, dan turnos, hay dónde sentarse, y unos supervisores se pasean por el lugar asegurándose de que nadie haga trampa.
El problema, amigos, es que esto no puede durar. Les hago una solemne apuesta de que, de aquí a un par de años, el Registro Civil volverá a ser lo que era, porque está en su naturaleza. “Aunque la mona se vista de seda, mona queda” y la razón es muy sencilla: al poseer un monopolio sobre varias cosas indispensables, como las cédulas, los matrimonios, las partidas de nacimiento, etc., son un lugar ideal para la corrupción. Si los ciudadanos pudiéramos elegir entre diferentes registros civiles, entonces los incentivos para la ineficiencia y la corrupción desaparecerían de una sola vez, así como pasa con los diferentes notarios públicos, que compiten entre ellos, y entre los cuales no hay corrupción ni ineficiencia.
Además, una cosa son las instalaciones bonitas y otra es la actitud de la gente, que sigue siendo pre-moderna. Resulta que para cambiar mi apellido e incluir el guión entre Guarderas y Hayek tenía que ir al Registro Civil de Turubamba, porque allá están mis inscripciones de nacimiento originales, copias íntegras del libro y ni sé qué otras cosas burocráticas.
Y, oh sorpresa, resulta que la “transformación” del Registro Civil no ha llegado todavía a Turubamba. Se nota que a Rafael Correa solo lo trataron mal en la Amazonas, y por eso el resto de sucursales no se han modernizado. Claro, como es pelucón de closet - aclarando que no tiene nada de malo ser pelucón- no iba nunca a Turubamba y ni siquiera ha de saber que existe. Pero bueno, en el sur las cosas no han cambiado, sigue la misma suciedad, la misma lentitud y, sobre todo, el mismo maltrato a los ciudadanos.
Los registros están guardados en unos libros enormes y polvorientos, en un cuarto sucio, a merced del extorsionador de turno, que lo atiende a uno con desidia y desprecio.
Para no hacer larga una historia corta, resulta que la página del tomo donde está inscrito mi nacimiento no existe. "Chuta", dijo el 'abogado' que me atendió. 'Falta de la página 50 a la 53, justo donde está su acta de inscripción'. Y luego, la consabida alzada de hombros que solo un burócrata nacional puede conseguir.
¿Qué tal? Seguramente alguien se la robó y ahora algún cubano o alguno de las Farc en Lago Agrio debe andar con mi nombre. ¿Qué solución me dan? “Deje buscar bien y venga mañana”. ¿Y si no encuentran? "Chuta".
Y lo peor de todo es que, por culpa del escándalo de los cubanos, ahora ya no se puede dar coimas en Turubamba, porque todos los funcionarios están vigilados y con miedo. Ni pensar en casarme legalmente con la Deifilia. Están suspendidos los matrimonios con cubanos, claro, a menos que uno se consiga a algún funcionario en el ministerio de Relaciones Exteriores para ayude...
Amigos, no se indignen conmigo pero es la pura realidad: el Estado nunca hará las cosas bien. La prueba es que yo, que quizás sea el único ecuatoriano que en realidad quiere casarse con cubana por las razones correctas, seguramente seré el único que no podrá hacerlo. Es la ley de la burocracia: trabas para los pobres y los honestos, y oportunidades para los vivos, los ricos, los corruptos y los bien colocados.
La pobre Deifilia está desesperada. Va a terminar con un niño y sin los papeles de la residencia, o, en otras palabras, sin pan ni pedazo. Creo que ya se va dando cuenta de que hubiera podido conseguir algún otro hombre con menos principios que yo, y que la vida al lado de un gran idealista nunca será fácil. No creo que ella, después de una juventud llena de sacrificios en su isla, ahora pueda aguantar estar conmigo en mi lucha. Eso es lo que le dije, y por primera vez no me respondió.
No sé qué pase ahora, pero eso sí, la lucha contra el monstruo burocrático recién comienza. En todo caso, Juan Bernardo Guarderas Hayek no necesita autorización de nadie, y menos del Estado, para convertirse oficialmente en Juan Bernardo Guarderas-Hayek. Voy a esperar a que pase el furor por los cubanos y voy a hacer como todo aquel que se respeta en este país: voy a pagar a alguien en el Registro Civil para sacar otra cédula de identidad, así como Bosco Solórzano, como Gustavo Larrea y como tantos otros que tienen dos documentos por si acaso. Será un supremo acto de rebeldía, mis queridos individuos.
Devastado
Hola compañeros (¿notaron la connotación proto-marxista del término compañeros? Ya entenderán por qué).
Sí, ya sé que se ha notado con tristeza mi ausencia en estas páginas. Y no, no he faltado por lo que ustedes creen - que me fui a Miami o a Aruba por Semana Santa. Al contrario, aquí he estado pero, cómo decirlo, me da un poco de vergüenza, bueno, en fin, juré contar en esta columna la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad… Y la verdad es que he recibido dos golpes devastadores en estos 10 días: el primero, fui impedido de entrar a un prestigioso club para ejecutivos; y dos, me negaron la visa para ir a Estados Unidos.
Pues sí. En una semana este servidor ha sido golpeado sin misericordia en su alma liberal, y precisamente por quienes más ha defendido y amado: los ricos y los gringos.
Una de las agrupaciones libertarias a las que pertenezco logró convencer a un grupo de empresarios para que escucharan nuestro plan para derrotar definitivamente al gobierno nacional-socialista de Correa.
Los empresarios nos citaron en el prestigioso Club X. (no puedo nombrarlo por razones que explicaré más adelante) para un almuerzo de trabajo. Es más, me dijeron que iban a estar connotadas figuras de nuestro movimiento, como Danny Ayala Hinojosa, e incluso me avisaron que probablemente iba a venir invitada desde Guayaquil Gabriela Calderón (de Burgos).
En realidad, cuando digo que nos citaron estoy mintiendo. Citaron a la facción Ayalista Hinojosista de nuestro movimiento, que evidentemente no me invitó a mí (la facción Guarderista Hayekista), pero mis fuentes (de la facción Endarista) me soplaron acerca de la reunión, y Juan Bernardo Guarderas-Hayek no es de los que dejan pasar oportunidades en la vida.
Así que me vestí conforme a las normas de etiqueta de dicho club, pero con un toque modernón, me acicalé con mis Rayban, un poquitín de gel para el cabello y unos zapatos Florsheim maravillosos que encontré en un almacén de ropa usada en el centro hace un par de años.
Llegué puntualmente, saludé al guardia con el tradicional “Hola padrino” y esperé a que me abriera la puerta. Pero no. El grandote ni siquiera me miró y me dijo: “Vestido así no puede entrar”. ¿Cómo, verdugo? Señaló mis Florsheim y dijo: “Imposible”.
Imaginarán la escena que monté. Primero le di una palmadita en el hombro y le dije: “Te recomiendo por tu bien que cambies de opinión”, pero el moreno ni se inmutó. Tuve que sacarme el zapato para mostrarle la marca, pero obvio, el tipo no hubiera sido capaz de diferenciarlo de un Kit. Saqué mi cédula y le mostré mis dos apellidos, explicándole que el primero es un tradicional apellido de la Sierra Norte; y que el segundo es un famosísimo apellido extranjero; luego, lo confieso, me rebajé a decirle lo clásico (no sabes con quién estás hablando, mañana vas a estar cobrando el bono, déjame hablar con tu jefe, etc.), hasta que por el ruido salieron los directivos del club, en compañía de un connotado empresario y de Danny Ayala Hinojosa.
Y perdónenme, si Danny Ayala Hinojosa puede entrar al Club X., pues Juan Bernardo Guarderas-Hayek también puede entrar al club X. Pero no. Al final, amenacé a la de relaciones públicas del club con contar esa humillación en mi leidísima columna, pero entonces apareció detrás de ella un connotado abogado de bigote que me dijo: “Publicas una línea y vas a acompañar a Emilio Palacio”.
Para no hacer una historia larga, fui conducido por el guardia a la mitad de la calle, donde estuve a punto de ser atropellado por una Toyota Stout.
Por eso es que la oposición no progresa, porque entre nosotros mismos nos cerramos las puertas en la cara. Algunos de ustedes, los rojos, pensarán que es inaudito que en pleno siglo XXI existan clubes privados con semejantes valores, pero yo les diré la verdad: la culpa es del Estado. Los ejecutivos ricos necesitan guarecerse en clubes y urbanizaciones privadas porque el Estado no ha sido capaz de protegerlos y de aislarlos de las muchedumbres de color. Por eso levantan muros, contratan seguridad privada y lamentablemente cometen equivocaciones graves que lamentarán en el futuro.
¿Habrá estado Gabriela Calderón (de Burgos) allí? Ay, no quiero saberlo, así que si ustedes lograron entrar y la vieron, por favor no me lo cuenten, no me rompan el corazón (ella conversando animadamente con Danny Ayala Hinojosa, no, no podría soportarlo).
Lo único que me consoló fue el regreso de Cuba de Yosmani, mi socio, que me trajo una muy buena noticia. Gracias a mi extraordinaria labor, el régimen cubano había pensado en mí para hacer un viaje a Miami para coordinar el envío de dinero hacia Cuba para seguir con el negocio de la importación de bienes a Cuba (para mis lectores nuevos que estén confundido, les recomiendo leer mi columna "Con Fidel Castro en la San Pancho", donde explico la naturaleza de mi emprendimiento con los cubanos).
Bueno, hice todo el trámite para sacar la visa, comprar el pin, llamar al consulado, etc. Le advertí a Yosmani que las citas para sacar la visa se demoran un mes, pero, como por arte de magia, los de la embajada me dieron una cita para después de dos días.
Bueno, no quiero recordarlo, pero el que me atendió en la embajada (ni siquiera era gringo, era un latino-chino que parecía quevedeño) apenas me vio me pidió documentos que acreditaran mi situación económica y demostraran que no tenía intención de quedarme en Estados Unidos.
“¿Documentos?”, le respondí. “No necesito documentos para demostrar que soy un luchador por la libertad. Jamás huiría de mi país en esta triste coyuntura”. El tipo no alzó a verme y simplemente dijo: “Entonces te quedas”. Y me negó la visa.
Empecé a protestar, empecé a hablar de los apellidos, pero sentí las miradas del resto de la gente, así que salí como si no me importara. “Entonces llevaré mi dinero a Europa”, dije a la salida. Y entonces, me refugié en el Mega Kywi de al lado de la embajada y, junto a unos taladros amarillos, procedí a llorar como un amante humillado.
He sido, pues, rechazado por los empresarios y por los gringos. ¿Es esa la forma de ganarse los corazones y las mentes de los ciudadanos? Yo creo, sinceramente, que no. Y luego se extrañan de que aparezca tanto comunista.
Yosmani estaba perplejo: “¿Cómo pueden haberte negado la visa a ti, chico, todo un empresario, que vives en un departamento para una sola familia?”. Tengo miedo de que haya empezado a decepcionarse de mí. Tarde o temprano se enterará de la verdad y me despedirá.
No sigo más porque me faltan las fuerzas. Estoy devastado. Estos han sido golpes durísimos que ponen a prueba mis más profundas creencias.
Los nuevos enemigos de la libertad
Deifilia se me entregó. Sí, como lo oyen. Así, de buenas a primeras, apenas regresó de Cuba, llegó ayer por la tarde a mi depar (a la hora en la que mi mami sale a jugar telefunken donde la Carmencita, la vecina del edificio de al lado) y, sin decir palabra, procedió a abusar de mí.
No pude resistirme, a pesar de que mi mami podía llegar en cualquier momento. La angustia me apresuró un poco y al final, con mucha vergüenza, no pude rendir el tiempo que se espera de mí, y me salió la de John F. Kennedy (“bam, bam, thank you madam”). Pero a Deifilia no le importó y pareció estar muy satisfecha al finalizar el acto (como he dicho antes, los cubanos tienen el extraordinario don de la gratitud).
Desgraciadamente, cuando salía del depar, Deifilia se cruzó con mi mamá, que justo llegaba en ese momento. No tuve tiempo de borrarme la sonrisa ni de cerrar la puerta del cuarto ni de arreglar un poco la cama, así que mi mamá pudo deducir fácilmente lo que había ocurrido. Cinco minutos después, me estaba esperando en la sala, y me obligó a tener la siguiente penosa conversación:
“JuanBer, eres un hombre de 30 años y comprendo que tengas que satisfacer tus necesidades. Pero debo decirte algo, porque sé que eres demasiado bueno e ingenuo: las chicas ecuatorianas son las más inteligentes del mundo para atrapar incautos. Observa a tu alrededor y dime si lo siguiente no es cierto: ¿has visto cuántas jóvenes se casan embarazadas con hombres ricos y luego súbitamente sufren de problemas de fertilidad para tener el segundo hijo, y luego, cuando el matrimonio está en problemas, ¡zas!, recuperan la fertilidad?”.
(Me dio ternura de mi mamita, que cree que yo, Juan Bernardo Guarderas-Hayek, reparador de computadoras y exportador de bienes de consumo a Cuba, puedo ser un buen partido para una cazafortunas. Madre solo hay una…).
“Eso puede ser cierto, mamita, pero a usted los estatistas podrían acusarla de cometer el mismo error que los economistas neo-clásicos para formar sus teorías, porque está equivocada en sus supestos básicos: primero, Deifilia no es ecuatoriana, sino cubana; y segundo, aunque yo sea brillante, libertario, emprendedor y capitalista, no soy rico todavía, así que, ceteris paribus, no soy lo que se dice un buen target para una típica chica ecuatoriana. Por eso, siguiendo el principio meta-teórico de la navaja de Occam, habría que buscar una explicación más sencilla para esta situación, y esa explicación es que yo soy irresistible para las mujeres”.
Entonces mi mamá empezó a mover la cabeza de lado a lado y me quedó mirando con tal desprecio que me dejó helado.
“Ay, JuanBer, hijo mío, qué voy a hacer contigo. Eres tan soberanamente estúpido. En vez de leer a ocam o como se diga, mejor lee El Comercio y entérate de que los cubanos hacen lo que sea por casarse con ecuatorianos. Espero por tu bien que hayas usado condón”.
Cuando dijo esa última palabra, casi me desmayo. Es tan difícil escuchar a una madre expresarse de esa manera tan cruda y hablar con ese grado de confianza a un hijo. Espero que nunca tengan ustedes que conversar así con sus mamás.
Después de tomar un litro de agua en la cocina, salí a caminar por la República del Salvador, y mientras veía los horribles tallarines de cables que cuelgan de los postes y le dan a la avenida un inigualable toque tercermundista, tuve que enfrentarme a la realidad: no, no usé condón y sí, es probable que Deifilia tenga incentivos perversos para casarse conmigo.
Recordarán ustedes que les conté que Deifilia ya me había hablado de matrimonio, y que antes se había resistido a mis avances. Pero entonces también recordé, con un escalofrío, que ella ya había empezado a tener amigas ecuatorianas, y que me había contado emocionada que la semana anterior la habían invitado a su primera ‘ladies night’.
Caramba. Algo debía hacerse. Por suerte, la ciencia siempre está al servicio del hombre sensato, y las píldoras del día después se han inventado para casos como éste (a los católicos que me siguen les advierto que: 1. La píldora del día después no es, estrictamente, abortiva; 2. Los libertarios estamos a favor del aborto, puesto que es una decisión de moral personal en la que el Estado no debe inmiscuirse).
Así que cogí raudo la SportTrac y fui a ver a Deifilia en La Florida. Por suerte Yosmani se quedó en La Habana unos días más. Deifilia me recibió muy atenta, e incluso intentó abusar de mí nuevamente, pero esta vez pude resistirme con las justas. Le cogí las manos, le pregunté si ella se protegía y, cuando me respondió que no, procedí a explicarle claramente la situación. Incluso me ofrecí a llevarla a donde un reputado ginecólogo, libertario también, que podría recetarle las pastillas sin hacer problemas.
Entonces, como ya podrán adivinar quienes leen esta página, Deifilia se echó a llorar y procedió a darme una "lección de moral", según ella:
“En la Cuba comunista, chico, el principal método anticonceptivo se llama aborto. Los cálculos varían, pero me han dicho que por cada niño que nace en ese país, hay entre cuatro y seis abortos”.
“No veo qué tenga eso de malo…”, intenté interrumpirla, pero entonces pude confirmar que las amigas ecuatorianas de Deifilia habían empezado a influir en ella.
“Cállate y escucha, imbécil”, me dijo (me imagino que mis lectores casados habrán oído esas mismas palabras un montón de veces). Así que me callé y escuché:
“Tú vives entre teorías y libros y fantasías porque nunca has sufrido de verdad. Tus teorías sirven para un carajo, chico, y tienes muchas más cosas en común con Fidel de lo que crees”.
“¿Cómo te atreves?”, le pregunté indignado.
“No solo que defiendes el aborto igual que los comunistas, sino que vives en función de una idea que nunca ha sido comprobada en la realidad y subordinas cualquier consideración humana a esa idea. Lo que defiendes es el egoísmo como sistema y por eso, como cualquier comunista, te espanta la idea de tener un hijo”. (Hay que reconocer que el sistema educativo cubano por lo menos les enseña a argumentar bastante bien con sofismas).
“¿Acaso eres… católica?”, le pregunté, estupefacto.
“Sí, lo soy. Si no fueras tan tonto te habrías dado cuenta de que Deifilia significa Hija de Dios”.
“Sí lo sabía, no soy tonto, pero pensé que solo era un chistoso nombre caribeño. Pero además, no sé si te lo hayan dicho, pero ¿sí cachas que el sexo fuera del matrimonio, conocido también como fornicación, es pecado?
“Sí. Acabo de venir de la iglesia confesándome”, me respondió, y procedió a entregarme una biografía de Juan Pablo II. “Aquí dice, chico, que el catolicismo tuvo más que ver con la caída del comunismo en Europa que tus malditas teorías libertarias”.
Como comprenderán, si Deifilia está embarazada, me será muy difícil convencerla de que haga lo correcto. Me sentí transportado por un instante a principios del siglo XIX, cuando el liberalismo clásico era asediado no por el socialismo, sino por el conservadurismo cristiano. ¿Estará la historia dando vueltas y en el futuro ése será nuestro enemigo? ¿Podrá Deifilia coartar mi libertad y atarme a su plan quinquenal?
Voy a coger mi libro de Acción Humana, de Von Mises, y abrirlo en una página al azar a ver si me ilumino. ¿Qué hacer?
Win-win situation
La creciente popularidad de ecuadorinsensato.com me tiene con emociones encontradas. Por un lado, me alegro de que los creadores de esta página reciban un poco de consuelo moral por sus largas noches de trabajo no remunerado y peor reconocido; pero también me preocupa que cada vez más miembros de la comunidad libertaria sean fans de la página en Facebook y en Twitter.
(Nota a los pedantes: sí, ya sé que no se puede hablar de comunidad libertaria, porque los libertarios somos individuos 100% racionales y homogéneos, que vivimos en mercados perfectamente competitivos, contamos con información perfecta y no tenemos barreras de entrada o salida; o, como dijo Margaret Thatcher, según mi profe de inglés en la Fulbright, “there is no such thing as society”).
En todo caso, me preocupa que muchos de mis conocidos se enteren de que ahora Juan Bernardo Guarderas-Hayek trabaja indirectamente a las órdenes de Raúl Castro, y malinterpreten mis acciones, sobre todo después de un infortunado encuentro que tuve en Créditos Económicos, y del cual les hablaré más adelante.
Como les dije en mi post anterior, debido a una serie de hechos que no vale la pena recordar ahora ayudo a Yosmani Pedroso y sus amigos cubanos a exportar bienes de consumo duraderos y no duraderos a Cuba. Gracias al negrito Obama (no, mentira), que ahora permite a los cubanos de Miami mandar más plata a sus familiares en Cuba, la isla está llena de dólares. Y como allá no hay nada de nada, pues no tienen qué hacer con los dólares. Y ahí es donde entra el Ecuador: como estos socialistas de Correa han abierto las fronteras para que entre al país cualquier hijo de vecino, los cubanos han encontrado que aquí pueden comprar productos y llevarlos a Cuba sin problemas. El gobierno cubano lo permite, para aliviar la situación, y yo tengo sospechas de que Yosmani trabaja para la Revolución.
Pero no puedo hacer nada más que cooperar, dada mi precaria situación. Además, 50 años de embargo no han servido para nada, y es hora de probar otras políticas para debilitar a los Castro. Y déjenme decirles que mi primera semana de trabajo me ha dejado sorpresas muy agradables. En primer lugar, como es evidente, estar cerca de mujeres cubanas es un privilegio para cualquiera. Su piel, su forma, su aroma, me recuerdan a Arelis (de quien escribí en un post anterior), hasta el punto de que casi ya no he pensado en Gabriela Calderón (de Burgos).
A una de ellas, una muchacha de unos 17 o 18 años que se llama Deifilia, me he dedicado a enseñarle lecciones básicas de libertad. Le he hablado de Locke, Smith, Marshall, Hayek, Keith Joseph, Becker y Friedman, y ella ha respondido de una manera admirable. Tanto se ha quedado impresionada de mi conocimiento, que me ha dicho que quiere casarse conmigo. No la culpo, muchas jóvenes han caído bajo mis encantos intelectuales, pero este garañón no está listo para sentar cabeza (aunque Deifilia insista en que quiere estar casada antes de eliminarme sus barreras de entrada).
Segundo, los cubanos de mi grupo son, contrariamente a lo que hubiera podido esperar, muy buenas gentes. Será por lo que han tenido que pasar, pero siempre están contentos y agradecen por todo. Hasta la sopa de arroz de cebada que dan en la fonda de doña Laurita les parece un manjar de reyes; viven en La Florida con el mismo contento con el que estarían en Florida; me da ternura verlos pararse a hacer cola en el mercado de la Ofelia aunque no haya nadie en los puestos. La otra vez, Yosmani (todo un medallista olímpico) me dijo con gran orgullo que él ya no era un cualquiera, porque había hecho cuentas y ahora ganaba 700 dólares al mes.
Nosotros nos quejamos demasiado y no nos damos cuenta de lo que tenemos. Ahora estoy aquí, escribiendo libremente en esta página, sin que nadie me censure y sin tener que preocuparme de si mañana voy a ir a la cárcel. Somos privilegiados y por eso debemos luchar para mantener lo que tenemos. Pero bueno, eso ustedes, amigos liberales, ya lo saben.
Lo cual me lleva al infortunado encuentro. Para evitarme problemas, he intentado ir a hacer las compras solo, pero es imposible convencer a Yosmani de que me deje en paz. El tipo no se despega de mi costado ni por un segundo. Y ahora Deifilia tampoco me deja en paz. Así que fui con los dos a Créditos Económicos para comprar unos televisores. Estos cubanos no pueden hablar en voz baja, así que llaman la atención en todas partes. Y entonces todas las miradas se clavaron en nosotros, y me encontré frente a frente con Danny Ayala Hinojosa, quien, para los que no lo sepan, vendría a ser algo así como uno de los líderes de nuestra comunidad si tuviéramos una comunidad.
El Danny odia a los comunistas (al igual que todos nosotros), y al verme con los cubanos puso una expresión terrible en su mirada. “Juan Bernardo, ¿qué carajo estás haciendo con esta gente?”, me preguntó. Yo debí haberle dicho que estaba dando clases de libre comercio a los inmigrantes cubanos o que Yosmani y Deifilia eran agentes dobles al servicio de Posada Carriles, pero se me trabó la lengua y solo pude sonreír estúpidamente. Y justo entonces la cajera me dijo que estaba lista mi factura para los seis televisores que acababa de comprar.
Ese encuentro, sumado a que ahora este sitio web se está haciendo demasiado conocido, me tiene angustiado. ¿Seré expulsado de la no-comunidad libertaria? Bueno, qué me importa. Si lo hacen, fundaré otro grupo más libertario todavía, y cuando caiga el comunismo en Cuba gracias a mi labor comercial, entonces podré burlarme de todos los dannys ayalas del mundo.
Ahora me estoy yendo al aeropuerto, a embarcar a Yosmani, Deifilia y los televisores en el vuelo de Tame. Miren lo que he logrado en una sola semana: Yosmani ha descubierto el placer de la riqueza; Deifilia ha escuchado por primera vez acerca de la mano invisible. Allá van dos almas nuevas, inoculadas con el virus de la libertad, a llevar esperanza y televisores a la isla.
Y a mí además me ha quedado una buena propina, con la que me acabo de inscribir en la San Pancho Business School. Es una win-win situation. Adiós.
Fidel Castro en la San Pancho
Mis fieles lectores, gracias por los consejos. Lo bueno de todo esto es que podemos sacar una lección universal: el caso de mis finanzas es una demostración de que la intervención estatal en la economía siempre termina mal.
Vean lo que pasó: con el dinero que irresponsablemente me dio la CFN, pude pagar mi deuda a los cubanos, lo que me ha permitido recuperar la SportTrac y los papeles del depar de mi mamita. Lo chistoso es que, para poder sacar el crédito, puse como garantía justo la SportTrac y el depar, que técnicamente eran, en ese momento, de los cubanos.
Así, el dinero de todos los ecuatorianos pasó de las arcas del Estado a las de los cubanos, y ese dinero que se supone que era para reactivar la economía, al final sirvió para que yo me comprara un bien de lujo como la SportTrac.
Igualito a como pasó en los 70s, cuando toda la plata de la deuda externa se fue en bienes suntuarios y en corrupción. ¿De quién es la culpa de que la plata de la CFN se haya desperdiciado en un bien inútil como la SportTrac? Obvio: del Estado. Los perversos incentivos que hay en este país hacen que las personas prefieran el consumo de bienes suntuarios a la producción, y eso no lo cambiarán ni mil revoluciones.
Por suerte la CFN se encontró conmigo, un emprendedor de verdad, y no con cualquier otro sapo ecuatoriano, que hasta hubiera hecho tunear la SporTrac con fondos públicos. No: yo voy a continuar con mi emprendimiento y tal vez hasta pague el crédito algún día (esa será la última de mis prioridades, como aconseja Padre Rico, Padre Pobre, el libro más importante que mi desaparecido padre nunca leyó).
Ahora mi único reto es conseguir la plata para el carrito de Coffee and Bagels (me voy a lanzar a ponerlo sin permisos municipales, como cualquier otro emprendedor informal). Será difícil, porque en este país, lamentablemente, no existe capital de riesgo.
Gracias a mi amigo y semi-tocayo Bernardo Acosta, profesor de la San Pancho y columnista de El Comercio, al que le arreglé una vez la laptop y le recuperé todos los documentos de su maestría en Oxford - ¡en un lugar así debería estudiar yo, lo voy a poner en mi “To Do List”! – logré conseguir una entrevista con el mismísimo canciller de ese centro de estudios; le conté a qué me dedico y cuál es mi ideología y bueno, le pedí capital de riesgo para mi emprendimiento. “Si un buen liberal no puede contar con el apoyo de otro buen liberal, entonces no le queda más que recurrir al Estado”, le dije.
Cuando mencioné la palabra Estado, el canciller se hiperventiló, pero luego adoptó una posición de yoga - hasta me parece que logró levitar - y se tranquilizó rápidamente. Pensé que había sido un error de mi parte, pero ya tranquilo el Canciller me regaló un libro de Frederic Bastiat (ya lo tengo, pero no quise rechazarle el regalo) y otro de comida vegetariana oriental, y me dijo que hablara con una persona para que me dieran asistencia financiera para estudiar en su universidad.
¡Guau! Ya me veo yo estudiando en la San Pancho, llegando en mi SportTrac, compartiendo mi experiencia con las hembritas, impresionando a Pablo Lucio-Paredes con mi conocimiento. Lo malo es que, ni con toda la asistencia financiera del mundo, podría pagar lo que me tocaría pagar.
Bueno, después de agradecerle al Bernardo y pedirle que me ayudara con doña Guadalupe para que en El Comercio me publiquen mis contribuciones semanales, salía entre triste y contento de mi experiencia con el paraíso liberal.
Cuando iba a subirme a la SporTrac de pronto apareció uno de los cubanos, Yosmani. Yo pensé que ése era el final de mi vida, pero no. Me dio la mano amablemente, me hizo subir a la camioneta y arrancó (se han sabido quedar con las llaves, estos mafiosos). Yosmani me explicó que su negocio es llevar bienes de consumo del Ecuador a Cuba, para aliviar la situación en la isla - con autorización expresa de Raúl y Fidel - pero que la creciente xenofobia aquí les estaba poniendo en problemas, por lo que necesitaban un emprendedor ecuatoriano que les ayude y qué mejor que un "imperialista" como yo del que nadie iba a sospechar.
Yosmani es un mulato cubano que mide un metro 98 y que, según me contó mientras manejaba, ganó una medalla de plata en Judo en las Olimpiadas de Seúl. Para que vean lo valiente que soy, le dije que no era una buena idea, que ya les había pagado y que mejor nos quedemos como amigos y que me dé clases de judo. Bueno, me dijo, pero entonces vamos a tener que denunciar que esta SportTrac fue robada a un señor Zalamea de Guayaquil que acostumbra a hacer justicia por su propia mano.
Así que ya ven, Juan Bernardo Guarderas-Hayek ahora trabaja para unos cubanos que se encargan de aliviar a la Revolución. Yo lo veo más bien como que, al mandar bienes de consumo, estoy poniendo mi granito de arena para debilitar poco a poco a ese régimen siniestro.
Dijeron que me iban a pagar bien, así que tal vez pueda financiar los Coffee and Bagels y estudiar en la San Pancho, por cortesía de Fidel. Cachan la perversidad del Estado? Bueno, antes de que me juzguen, recuerden que León Febres Cordero era pana de Fidel, y nadie decía nada.
Entonces ya saben, Socialismo o Muerte (y en mi caso, el eslogan es literalmente cierto).
JuanBer
Corrompido por el Estado
Queridos amigos, un grave dilema moral me carcome. Por favor ayúdenme. Desde que estoy desempleado, me he ido sumiendo poco a poco en una grave depresión. No puedo dormir, apenas logro levantarme, y todo el día me paso pensando en cómo he desperdiciado mi vida y en cómo he hecho sufrir a mi mamacita. Solo para que ella no me vea en ese estado, me he levantado de la cama y he fingido que me voy a trabajar.
Para empeorar las cosas, en el Municipio me dijeron que, si quiero ponerme mi emprendimiento (mi carrito de Coffee and Bagels para ejecutivos en la República del Salvador, como les conté en una entrada anterior), necesito un permiso municipal, para el que se requieren 19 papeles y que lleva alrededor de seis meses si es que lo aprueban.
Cuando me quejé ante los del municipio (“Esto es una escena sacada de Kafka o de Hernando de Soto”, les grité), el burócrata del Municipio, insolente, me dijo. “Ponte un local, que para eso eres pelucón”.
Sí, ya sé que por mis genes parezco pelucón, pero resulta que en este instante me estoy comiendo los botones de la camisa y no me queda vuelto para pagar por un local.
Así que tuve que humillarme y pedirle a mi mamita un préstamo.
- ¿Y no te alcanza con lo que ganas con el Dr. Hurtado? – me preguntó.
Tuve que mentirle - ¡a mi propia madre! – y luego no me quedó más que rebuscar debajo del colchón, donde ella guarda su plata desde la crisis del 99. Me encontré polvo y unos billetes de mil sucres, pero de los ahorros de mi mamita, nada. ¿Los habrá mandado al exterior?
Pero entonces ella me llamó a un lado y me dijo:
- Mi querido Juanber, mi único hijo, voy a hacer por ti algo que nunca he hecho por nadie. Voy a hipotecar mi departamento para conseguir un préstamo y que puedas seguir con tus sueños.
Ante eso, no pude contener el llanto (no soy de los que lloran, pero ahora estoy deprimido, y me partió el alma que mi mamita no supiera que su departamento ya está hipotecado a los cubanos que me prestaron para la SporTrac). Tuve que decirle, no mamita, ya me voy a conseguir el dinero, tranquila.
Bajé mejor a llorar a la SporTrac, que está guardada en el estacionamiento desde que se quedó sin gasolina la semana pasada, y entonces me cayó la noche encima: me encontré con que el parabrisas estaba roto y había una nota de los cubanos que decía: “La próxima lo rompemos contigo adentro, chico”. Me quedé helado: solo me he atrasado la primera cuota, ¡ni que trabajaran para el Banco del Pichincha!
Fui a donde algunos amigos a mendigar dinero y nada. Uno hasta me dijo, “si quieres te compro la SportTrac”. Pero ¿cómo podría estar Juan Bernardo Guarderas Hayek sin carro? (suponiendo que los papeles de la camioneta estén en regla, claro). No me atreví a deshacerme de tan preciada posesión.
Bueno, así estaba, cuando de pronto, sonó mi Blackberry. Pensé en no contestarlo pero una fuerza invisible me hizo levantarme de la cama y tomar el aparato. Mi sorpresa fue mayúscula. Era un señor funcionario público de la CFN a comunicarme que mi crédito estaba listo.
Tuve que volver a llorar (es que estoy deprimido). ¿Se imaginan la ironía? ¿Juan Bernardo Guarderas Hayek salvado del suicidio por el Estado y por Rafael Correa? Parece telenovela popular escrita por Vinicio Alvarado.
Pero ese dinero no va corromper mi ideología. ¿Se dan cuenta cómo funciona el Estado? La CFN va a prestar dinero de los ecuatorianos, de ustedes, a un mequetrefe como yo, sin oficio ni beneficio (es que estoy deprimido y sin auto-estima). Había pensado en pedir consejo a mis miles de lectores - y especialmente a mi amigo Phanto - acerca de si debo recibir ese dinero o no, pero ayer dos cubanos me cerraron en la calle y me amenazaron con hacerme empezar una huelga de hambre si no pago las cuotas, así que corrí no más a la CFN y retiré mi dinero (después de firmar como 180 papeles).
En todo caso, la conciencia me sigue carcomiendo. ¿Hace bien un liberal clásico como yo en aceptar dinero del estado? ¿Serán el coffee y los bagels la causa de mi perdición?
La confianza de los ecuatorianos
Tal vez ya les llegó el chisme, pero igual se los confirmo: me despidieron de Cordes. Sí, como lo oyen. Ya no trabajo para el Dr. Hurtado y los demás. Y antes de que les digan que fue por incompetencia o por vagancia, les voy a contar la verdad. ¿Saben por qué me despidieron? Por decir la verdad. Llegué anteayer de mañana, después de ver los noticieros, me encontré con el Vicente Albornoz en la puerta de entrada y le dije: “Hola Vicente, te vi esta mañana en el canal cuatro y te voy a dar un consejo por el bien de la causa: cuando digas que la pobreza ha subido en el país, disimula un poco y no sonrías tanto”.
Pues bien, el señor montó en cólera, llamó a los guardias y ni siquiera me dejó entrar. Tuve que estar ahí una hora, hasta que llegó el Dr. Hurtado, al que traté de explicarle lo sucedido. Él sí me dejó entrar, pero solo para que recogiera mis cosas. Y ¿qué podía hacer yo? Como libertario convencido, no tengo contrato, nunca dejé que me afiliaran al Seguro y mi relación con ellos era basada en la confianza mutua, o al menos eso era lo que creía yo.
Eso me pasa por tener un alma austriaca-anglosajona. A veces me olvido que la palabra confianza no existe en este país (ese era el tema del libro del Dr. Hurtado, por coincidencia). Nadie respeta los contratos, la palabra no vale nada. Por eso estamos como estamos.
¿Se acuerdan de la morenita del Ildis? Bueno pues, para matar las penas la invité al depar, aprovechando que mi mamita está en Riobamba visitando a la familia. Cenamos, bebimos, charlamos, nos reímos y fuimos a la cama, pero de pronto, cuando estábamos en el momento preciso, ella dijo: “Para Juanber, no quiero”.
Excuse me? ¿No quieres? ¿Acaso recuperaste la virginidad? ¿Eres menor de edad? ¿No lo hicimos ya una vez en la amplitud de la cabina de mi SportTrac?
Pues a la chica le salió lo socialista y me mandó un larguísimo discurso: no, no era virgen (obviamente), no, no era menor de edad, aunque con las justas, y la otra noche, en la SportTrac, estaba bajo los efectos de un alucinógeno cosechado por sus amigos del Ildis en el Parque Yasuní. A la mañana siguiente, según me dijo, le dio un gran chuchaqui moral y decidió cambiar de vida. “Una revolución triunfó en mi cuerpo y en mi alma. He recuperado mi soberanía”, me gritó con el puño cerrado.
Cuando le pregunté que por qué entonces había venido al depar y me había dejado propasarme con su soberanía, me dio un chirlazo y me acusó de haber abusado de ella y de querer violarla otra vez. Yo quise hacerle entrar en razón: “Vea mija, lo que usted está haciendo puede tener consecuencias incalculables para su futuro; está usted rompiendo su palabra, que es como romper un contrato; está arruinando la confianza entre los dos, que es esencial para cualquier relación productiva entre personas; ¿sabe usted cómo va a afectar esto en su reputación fuera de aquí? ¿Sabe que si yo corro la voz de que usted no ofrece garantías mínimas para entablar una relación, o sea, que es usted una calientahuevos, ninguna persona decente va a atreverse a tener algo con usted?
Sobra decir que no me escuchó. Aquí en el país ese tipo de discursos lamentablemente no encuentran eco entre la población. Tiene razón el Dr. Hurtado, aunque me haya despedido. En los ecuatorianos no se puede confiar, y peor si son socialistas.
Por eso es que me gusta tanto leer a Gabriela Calderón (de Burgos). Aparte de que tiene look de estrella de serie de televisión, su columna de los miércoles en El Universo es de lo poco confiable que hay en el país: uno siempre puede saber lo que va a decir antes de haberlo leído. Es como si uno pudiera leer su mente, no importa del tema que trate: política, economía, deporte, cultura… el Estado es el culpable y el mercado es la solución. Es tan cierto, tan evidente, tan consolador. Las pocas veces que he sentido dudas sobre el libertarianismo, leerla a ella ha sido mi mejor antídoto para volver a la fe.
Bueno, estoy sin trabajo y con deudas hasta la cabeza, pero estoy tranquilo. Los de Cordes eran demasiado de izquierda para mi gusto. Voy a ver si mejor meto carpeta en la Universidad San Francisco. Estoy seguro de que ahí sí me voy a sentir en mi ambiente, con gente de mi nivel. Les mantendré informado.
Hasta la vista, losers (no, mentira).
JuanBer
Marchando
Qué semana tan maravillosa! El jueves pasado marchamos en Guayaquil, el sábado marché en la Mariscal, y hoy marcho en la Shyris. Las dos marchas pasadas, se los aseguro, fueron absolutamente orgásmicas, para qué les voy a mentir, y espero que la de esta tarde sea igual de buena, aunque Carlos Vera no me termina de convencer. Pero, como siempre, vamos por partes.
La experiencia celeste y blanco fue excepcional. Gracias a la generosidad de Cordes, que me dejó faltar el jueves, y a que el Ildis no me ha llamado últimamente, enfilé hacia Guayaquil para expresar mi repudio contra la dictadura. Pude haber ido en la SportTrac, pero la ola delincuencial me hizo cambiar de idea, así que me fui no más en Reina del Camino. No me avergüenza decirlo: no tengo plata para pagar pasaje de avión porque estoy endeudado con la SportTrac, así que aproveché para estar en contacto con la pipol, lo cual algún día me servirá en mi carrera política, así como a Correa le sirvió pasarse un año con los indios en Zumbahua (o Sumbawua, como escribirían los indios si supieran escribir, no, mentira).
Tras las ocho horas de rigor, estuve por fin en la Magia del Pacífico Sur. El ambiente era festivo, como de carnaval, y me pasé la mañana admirando el gran cambio que ha logrado Nebot con la regeneración urbana. Antes Guayaquil era una pocilga, una cloaca, un burdel, un basurero, una alcantarilla, una Calcuta, un infierno, un purgatorio, una letrina, una aldea, un pueblo, una invasión, un relleno sanitario, y ahora uno hasta puede caminar más o menos tranquilo mirando el espectáculo del río Guayas en el hermoso Malecón que pagaron nuestros impuestos descentralizados. Qué horizonte tan grande, qué cielo tan enorme, que árboles tan frondosos, qué adolescentes tan desarrolladas… Estoy seguro de que el paisaje es una causa principal para que los guayaquileños sean tan libres y nosotros los quiteños tan esclavos.
Pero bueno. Como llegué pronto me gané un buen puesto en la marcha, y puedo decirles orgullosamente que desfilé con la flor y nata del Puerto Principal. ¡Con razón quieren independizarse! Sin duda pertenecen a otra raza, son todos altos, de aspecto europeo-mediterráneo, de andar erguido, de mirada serena… ¿Cómo es que llegaron los longos serranos (no todos, claro, pero sí la mayoría) a ser parte del mismo país de esa gente tan hermosa?
No voy a decir que el discurso de Nebot me encantó. A todo libertario las personalidades masculinas fuertes nos dan un poco de escalofrío (por rechazo al autoritarismo, al despotismo, al totalitarismo), pero el señor no hay duda de que tiene energía, y en estas circunstancias es sin duda la mejor opción para enfrentar al dictador.
Pero tampoco escuché mucho el discurso, porque un rato me distraje y miré hacia el horizonte y vi, en persona, a Gabriela Calderón (de Burgos) escuchando atenta las palabras de Nebot. Una oportunidad así no pasa todos los días, así que me moví entre la multitud para acercarme a Gabriela. Pisé a un par de señoras de la high, a las que les dije “con perdón, damas”, y me insultaron unos cuantos caballeros porteños, pero por fin logré mi cometido.
Estaba a un paso de ponerme a su lado y de presentarme ante ella con voz de caballero Jedi que lucha contra el imperio galáctico (“Gabriela, mucho gusto, que el mercado te acompañe”, si cachan, ¿no? Está basado en Star Wars, “que la fuerza te acompañe”), cuando de pronto sonó un gigantesco “¡Carajo!” que me dejó tieso.
El carajazo era de Nebot, que estaba en el punto más alto de su discurso. La gente se emocionó y empezó a saltar y gritar (como monos mismo, no, mentira), y entonces Nebot bajó de la tarima y todo se volvió una locura. Al final terminé aplaudiendo a unos esmeraldeños que bailaban algo con marimbas. ¿Y Gabriela Calderón? Desapareció como si solo hubiera sido un fantasma de mi imaginación.
Volví un poco triste por la oportunidad perdida, pero contento por haber sido parte de esta marcha, que estoy seguro cambiará la historia. Llegué el viernes de madrugada a Quito y fui a trabajar sin dormir a Cordes. ¿Creerán que nadie me preguntó cómo me fue, a mí, el único de ellos que estuvo en Guayaquil? Pero eso sí, primeritos han de opinar sobre lo que pasó…
El punto es que el sábado, después de mis clases de salsa, me fui a matar mis penas al Bungalow, y me encontré con la morenita comunista del Ildis. ¿Se acuerdan, esa medio intelectual que me gustó la vez que fui a arreglar las compus a los comunistas? Bueno, la chica me vio, me sonrió, me dijo hola Juanber con un delicioso aliento a alcohol, se me acercó, comenzamos a bailar pegaditos, una cosa llevó a la otra y al final solo mi SportTrac pudo escuchar cómo Juan Bernardo Guarderas-Hayek, en pleno éxtasis, gritaba ¡viva Fidel! ¡Viva el Che Guevara!, pero por la mejor de las causas.
Como dicen por ahí, París bien vale una misa, y esta señorita socialista bien valió unas cuantas blasfemias, que Von Mises me perdone. Haber marchado con ella fue un gran consuelo, aunque mi corazón siempre pertenecerá solo a una mujer. No creo que Gabriela Calderón (de Burgos) se venga hoy a la marcha de Carlos Vera (me late que a la marcha van a ir los cuatro pelagatos de siempre), pero en todo caso ahí estaré por si acaso.
Ah cierto, mi blog sigue vivo: www.peluchiro.wordpress.com, aunque estos noveleros de ecuadorinsensato.com han cambiado el formato y ahora no se entiende nada. (¿Por qué no me habrán contratado a mí para mejorarles la página web?)
Bueno, con una gran sonrisa, me despido. Hasta la vista (hijue, casi pongo “hasta la victoria siempre”, por la emoción).
Juanber
