Queridos amigos, un grave dilema moral me carcome. Por favor ayúdenme. Desde que estoy desempleado, me he ido sumiendo poco a poco en una grave depresión. No puedo dormir, apenas logro levantarme, y todo el día me paso pensando en cómo he desperdiciado mi vida y en cómo he hecho sufrir a mi mamacita. Solo para que ella no me vea en ese estado, me he levantado de la cama y he fingido que me voy a trabajar.
Para empeorar las cosas, en el Municipio me dijeron que, si quiero ponerme mi emprendimiento (mi carrito de Coffee and Bagels para ejecutivos en la República del Salvador, como les conté en una entrada anterior), necesito un permiso municipal, para el que se requieren 19 papeles y que lleva alrededor de seis meses si es que lo aprueban.
Cuando me quejé ante los del municipio (“Esto es una escena sacada de Kafka o de Hernando de Soto”, les grité), el burócrata del Municipio, insolente, me dijo. “Ponte un local, que para eso eres pelucón”.
Sí, ya sé que por mis genes parezco pelucón, pero resulta que en este instante me estoy comiendo los botones de la camisa y no me queda vuelto para pagar por un local.
Así que tuve que humillarme y pedirle a mi mamita un préstamo.
- ¿Y no te alcanza con lo que ganas con el Dr. Hurtado? – me preguntó.
Tuve que mentirle - ¡a mi propia madre! – y luego no me quedó más que rebuscar debajo del colchón, donde ella guarda su plata desde la crisis del 99. Me encontré polvo y unos billetes de mil sucres, pero de los ahorros de mi mamita, nada. ¿Los habrá mandado al exterior?
Pero entonces ella me llamó a un lado y me dijo:
- Mi querido Juanber, mi único hijo, voy a hacer por ti algo que nunca he hecho por nadie. Voy a hipotecar mi departamento para conseguir un préstamo y que puedas seguir con tus sueños.
Ante eso, no pude contener el llanto (no soy de los que lloran, pero ahora estoy deprimido, y me partió el alma que mi mamita no supiera que su departamento ya está hipotecado a los cubanos que me prestaron para la SporTrac). Tuve que decirle, no mamita, ya me voy a conseguir el dinero, tranquila.
Bajé mejor a llorar a la SporTrac, que está guardada en el estacionamiento desde que se quedó sin gasolina la semana pasada, y entonces me cayó la noche encima: me encontré con que el parabrisas estaba roto y había una nota de los cubanos que decía: “La próxima lo rompemos contigo adentro, chico”. Me quedé helado: solo me he atrasado la primera cuota, ¡ni que trabajaran para el Banco del Pichincha!
Fui a donde algunos amigos a mendigar dinero y nada. Uno hasta me dijo, “si quieres te compro la SportTrac”. Pero ¿cómo podría estar Juan Bernardo Guarderas Hayek sin carro? (suponiendo que los papeles de la camioneta estén en regla, claro). No me atreví a deshacerme de tan preciada posesión.
Bueno, así estaba, cuando de pronto, sonó mi Blackberry. Pensé en no contestarlo pero una fuerza invisible me hizo levantarme de la cama y tomar el aparato. Mi sorpresa fue mayúscula. Era un señor funcionario público de la CFN a comunicarme que mi crédito estaba listo.
Tuve que volver a llorar (es que estoy deprimido). ¿Se imaginan la ironía? ¿Juan Bernardo Guarderas Hayek salvado del suicidio por el Estado y por Rafael Correa? Parece telenovela popular escrita por Vinicio Alvarado.
Pero ese dinero no va corromper mi ideología. ¿Se dan cuenta cómo funciona el Estado? La CFN va a prestar dinero de los ecuatorianos, de ustedes, a un mequetrefe como yo, sin oficio ni beneficio (es que estoy deprimido y sin auto-estima). Había pensado en pedir consejo a mis miles de lectores - y especialmente a mi amigo Phanto - acerca de si debo recibir ese dinero o no, pero ayer dos cubanos me cerraron en la calle y me amenazaron con hacerme empezar una huelga de hambre si no pago las cuotas, así que corrí no más a la CFN y retiré mi dinero (después de firmar como 180 papeles).
En todo caso, la conciencia me sigue carcomiendo. ¿Hace bien un liberal clásico como yo en aceptar dinero del estado? ¿Serán el coffee y los bagels la causa de mi perdición?
